Opinión

Gazmoñería y
corrección política

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FIFA reclama los recursos incautados por EU en pesquisa por corrupción

La gazmoñería y la corrección política se han convertido en verdaderas epidemias. No sólo dentro de México, sino en el mundo. En 2014, la Federación Mexicana de Futbol fue reprendida porque la porra mexicana gritó: ¡Eeeeeeh! ¡Puuuuto!, cada que el portero de Brasil despejaba del área chica. La FIFA señaló que era un insulto homófobico inadmisible.

Ahora, la Federación Mexicana de Futbol ha emprendido una campaña para erradicar el mismo grito de las porras en los estadios de México. El argumento es idéntico: se trata de un insulto homófobico. Y pretende eliminarlo con una campaña cortés y fraterna: “¡Abrazados por el futbol!”

Otra variante del mismo tema llegó hasta la Suprema Corte de Justicia. La Primera Sala resolvió, en 2013, que usar las expresiones “maricón” y “puñal” en notas y artículos periodísticos no está protegido por la libertad de expresión y usarlas puede dar lugar a daño moral.

El caso en cuestión se originó en Puebla, en 2010, cuando Armando Prida Huerta, dueño del diario Síntesis, demandó a Enrique Núñez Quiroz, del diario Intolerancia, por una columna de agosto de 2009 en la que este último se refirió al primero como “puñal” y sostuvo que sólo “maricones” escriben en su medio.

El intercambio entre ambos periódicos recurrió a un amplio arsenal de insultos y descalificaciones: corrupto, pobre diablo, lambiscón, inútil, hijo tarado... Pero la resolución de la SCJN sólo tomó en consideración dos palabras “puñal” y “mariquita” para integrar su sentencia.

La Primera Sala, sin embargo, advirtió de que ciertas expresiones que pudiesen conformar un discurso homófobo pueden ser empleadas válidamente en estudios de índole científico o literario como, por ejemplo, el poema en que Octavio Paz increpa a las palabras con un “chillen putas”.

La ambigüedad y confusión del fallo de la mayoría de los ministros de la Primera Sala fue diseccionada con bisturí por el ministró Cossío Diaz, quien votó en contra, y precisó –entre otras– tres cuestiones fundamentales:

1. El carácter ofensivo de un discurso, por sí solo, no es razón suficiente para restringirlo; la libertad de expresión debe proteger, especialmente, ideas que ofenden, chocan, inquietan, resultan ingratas o perturban al Estado o a cualquier sector de la población.

2. Pocos derechos más centrales en una sociedad democrática que la libertad de pensar el mundo desde nuestra propia perspectiva y comunicarla a los demás.

3. Parafraseando a John Stuart Mill, silenciar una opinión constituye un robo a la raza humana, porque si la opinión es correcta, ésta se ve privada de sustituir un error por la verdad, y si es equivocada, la sociedad pierde el beneficio de una más clara percepción generada por la confrontación entre verdad y error.

El voto en contra, del ministro Cossío, pasó ya a la historia como una referencia indispensable de la defensa de la libertad de expresión y de la condenación de la censura y la gazmoñería en México. Leerlo y releerlo es indispensable. Sobre todo ahora que la corrección política se enfila contra la afición en los estadios.

La erradicación de una expresión futbolera carece de sentido y es verdaderamente ridícula. En primer lugar, porque la palabra “puto” lanzada en los estadios en ningún momento alude a la preferencia sexual de un portero o de los jugadores.

Además, porque basta leer el Diccionario de la Real Academia Española para encontrar múltiples acepciones de la palabra, que no tienen nada que ver con preferencias sexuales: ‘qué puta suerte’, ‘me quedé en la puta calle’ o ‘está de puta madre’.

El verdadero problema es que la corrección política, transformada en gran inquisidor, empieza con minucias pero termina censurando todo tipo de manifestaciones. Baste advertir que en EU la obra de Mark Twain ha sido corregida sustituyendo “nigger” por “slave”, para que no suene ofensivo para la cultura afroamericana.

Pero la corrección de textos o la prohibición de palabras no son ni pueden ser, como advirtió el ministro Cossío, la forma de enfrentar la homofobia o la discriminación racial; en ambos casos lo que procede es la confrontación de argumentos, en igualdad de circunstancias, para que impere la verdad.

​Twitter: @sanchezsusarrey

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