Opinión

Gasto público 2015 ¿rumbo peligroso?

La constante del gasto público durante la actual administración es aumentarlo, independientemente de la baja de ingresos. El incremento de impuestos, recetado al pueblo mexicano productivo y consumidor, para gastar más ante la reducción de la producción, exportación y precio del petróleo, es una de las causas de los bajos crecimientos en 2013 y el 2014, aunque se justificó diciendo que era una medida “contracíclica” para incrementar el crecimiento.

En el 2013 el ejercicio tardío del gasto aprobado y el exceso de gasto de la mayoría de Estados en el 2012 con fines electorales, que les impidieron pagar compromisos con proveedores en 2013, apuntalaron la baja actividad económica el 2014. Todos esos factores indican como la medida más sana y sensata la reducción del gasto en 2015, pero ni la administración federal ni el Congreso toman ese camino, sino el de gastar más y transmitir recursos record a los Estados, que han gastado en su mayoría sin rendir cuentas claras.

Aumentos de gasto corriente, burocracia, participaciones estatales y de programas etiquetados como sociales, pero destinados a ganar votos en las elecciones del 2015, son el destino de gran parte de los recursos adicionales que gastará el gobierno federal en 2015, derivados de una mayor presión y costo fiscal a los mexicanos productivos. Los resultados reales de esas políticas económicas hasta la fecha son menos crecimiento, más deuda y más déficit.

Un panorama del precio promedio del petróleo menor al calculado en el presupuesto de egresos y el alza de tasas, que incrementarán la carga de la deuda pública en 2015, apuntan a un déficit mayor al programado, lo que repercutirá en una menor confianza de los inversionistas para abrir empresas en México y más presiones inflacionarias y devaluatorias.

El camino escogido por el actual gobierno y convalidado por la mayoría de diputados es erróneo, como lo prueban lo sucedido en los años 70 y 80 en México y las crisis de 1928 y el 2008, originadas por “burbujas” sostenidas con tasas subsidiadas, gastos excesivos, deudas y déficits, como lo demostramos en el libro Políticas Económicas.