Opinión

¿Ganó Trump?

 
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Trump en el segundo debate. Reuters

Sí. Primero, porque dejó atrás el escándalo de los comentarios sexuales, aunque el daño ya ha sido causado. Segundo, porque se vio enérgico, fue repetitivo en sus críticas a Hillary Clinton y fue cortés en su comentario final de que respeta a su adversaria porque nunca se rinde.

Ella habló de forma lenta, muy escolar, como maestra de escuela, usando clichés que denotan un estilo discursivo que mucha gente odia y con frecuencia sobrepasando sus dos minutos sólo para dar más y más datos. Las tomas de las cámaras la hacían ver pequeña delante de Trump que parecía un monstruo detrás de ella a punto de devorarla. (Para otros esto fue un error de estrategia o de falta de experiencia).

La prensa dice mayormente que ella ganó, pero en mi opinión leen el debate con racionalidad en lugar de ver la recepción del otro lado de la pantalla. Que Trump haya ganado el debate no quiere decir que diera mejores respuestas o dijera la verdad. Según el New York Times, Donald Trump dijo 20 aseveraciones falsas, inexactas o exageradas. En contraste, Hillary sólo dos. Trump habló de forma desordenada, sin dar ideas concretas sobre política exterior o sobre cómo mejorar el sistema de salud. Tampoco contestó las preguntas incómodas. Evade cuando lo confrontan con la realidad o le muestran que miente, como buen populista que es. Su respuesta ante la crítica es contestar que ella es peor. Su primera 'disculpa' el sábado pasado respecto a los audios de 2005 fue mencionar en un tuit que Bill Clinton le ha dicho peores cosas en el campo de golf.

Trump ganó porque llegó sangrando y salió caminando y erguido. Porque amenazó a Hillary de meterla a la cárcel y así fue fiel al cántico de sus seguidores que cantan en sus mítines: Lock her up, Lock her up.

Esta amenaza también ha sido duramente cuestionada porque parece evocar un país bananero donde un dictador decide quién va a la cárcel como venganza política.

Trump ganó porque el Partido Republicano detendrá la discusión de reemplazarlo, aunque las deserciones son muchas, la más notoria la de Paul Ryan, el político más importante con presencia nacional del Partido Republicano. Pero aunque haya ganado la noche del domingo, el candidato no le habló a un público más amplio. Neil Newhouse, encuestador del candidato republicano Mitt Romney en 2012, lo dijo así: “Trump jugó para su base. Reforzó a los votantes que ya estaban con él, pero el 40 por ciento del voto es insuficiente”.

Que Trump haya ganado y que sus bases estén energetizadas es reflejo de la degradación del debate público en Estados Unidos. Trump ha roto los cánones de verdad y de respeto que deben guiar la conversación pública. Con Trump los hechos y los datos son irrelevantes; lo que importa es la valentía, el arrojo, el ser diferente, el desafiar a los arrogantes de Washington. Además de argumentos falsos (por ejemplo, que no había apoyado la guerra de Irak o de que el NAFTA había devorado empleos), fue cínico –una vez más– al reiterar que sí ha aprovechado los vacíos del código fiscal para no pagar impuestos federales por muchos años. Esta simple declaración sería suficiente para descarrilar su candidatura si los estándares de corrección política fueran los mismos que antes, pero eso se ha desalineado con Trump.

Ella mostró más conocimiento de los temas, como ocurrió durante el primer debate. Fue balanceada, incluyente, políticamente correcta. Tan correcta que dejó ir vivo a Trump. Quizá pensando que el daño de las últimas 48 horas había sido tan intenso, no fue puntiaguda en la crítica de sus vulgaridades. Trump ganó el debate porque Hillary no lo arrolló
–y pudo hacerlo porque él está en su punto más bajo de credibilidad y estima–. Es posible que la contención de ella sea estratégica: dejarlo vivo para que siga sangrando en lugar de forzar un cambio de candidato que podría ser un desafío mayor para la campaña de Clinton en caso de que alguien como Mike Pence asumiera la candidatura.

En un grupo de enfoque de la cadena Fox News al final del debate con votantes indecisos, la mayoría dijo que había ganado Trump. Las palabras que usaron para describirlo fue “fuerza”, “mejor”, “presidencial”.

De ella dijeron “frustrante”, “lo mismo de siempre”, “no se disculpó”. Y quienes dijeron algo positivo mencionaron “planeadora”. Por eso su mayor fortaleza –inteligente, informada y con experiencia de gobierno– es su peor debilidad. Se ve nerdy y el público promedio la ve ambiciosa, arrogante y que habla como política. Por eso les gusta Donald, porque habla como ellos y porque sienten que desafía a los poderosos de Washington.

Ayer lunes las probabilidades de que Hillary ganara la Casa Blanca eran de 83.6 por ciento (FiveThirtyEight). Habrá que esperar las encuestas de los próximos días para conocer el efecto que tuvieron los audios sexuales y el debate. Aunque buena parte de los comentaristas hablan del triunfo de Clinton (incluso así lo dice una encuesta de CNN), me temo que son lecturas con lentes de analista que evalúan el contenido y no la emoción. Él fue más enérgico, ella más aguda pero sin pasión. No obstante, ella ganará le elección en noviembre.

Twitter: @LCUgalde

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