Opinión

Ganadería: sin políticas públicas

 
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ganado

En materia de múltiples políticas públicas suele sacrificarse el mediano por el corto plazo. En algunas ocasiones por necesidades urgentes o presiones políticas y, en otras, por falta de visión, estrategia y/o franca incompetencia. Un caso recurrente es el presupuesto de egresos anual vs políticas públicas sostenibles a mediano plazo; en principio, el primero debería orientarse a la consecución de los objetivos de las segundas, lo que suele no ser el caso. Por otra parte, la política pública debería convocar o inducir a todos los actores involucrados en ella para alinear los programas y acciones a los objetivos de esa política.

La falta de articulación de políticas públicas para la ganadería en México quedó de manifiesto en el “Foro-Taller Ganadería Sustentable para Veracruz” que se celebró la semana pasada en Coatepec, Ver., que contó con la participación de autoridades federales (Conabio, Semarnat) y estatales; científicos e investigadores en ecología, biodiversidad y manejo de suelos; ganaderos, que son los protagonistas centrales en este tema; organizaciones no gubernamentales (como el Fondo Mexicano para la Conservación de la Naturaleza y el World Wildlife Fund); y, cosa rara pero imprescindible en este tipo de discusiones, de representantes del sector financiero (banca de desarrollo, banca comercial y la bolsa de valores). Fue lamentable e inexplicable la ausencia de Sagarpa, supuesto responsable de la política pública en la materia.

El objetivo principal del Foro fue, en palabras de los organizadores, dar un primer paso hacia la instrumentación de una ganadería sustentable “más amistosa” con el medio ambiente y con su diversidad, pero también económicamente más rentable en una región ecológicamente devastada y en la que una de las principales actividades productivas está en franco deterioro. Incluyó participaciones y debates sobre temas como desarrollo sustentable y biodiversidad, características de la ganadería regenerativa, diversas experiencias silvopastoriles, los elementos y problemas ecológicos en el cambio hacia sistemas silvopastoriles, y su financiamiento. En este aspecto, se analizaron los programas de FIRA como banco de segundo piso, otorgante de garantías y prestador de servicios de asistencia técnica y capacitación para impulsar hacia una transformación “más verde” del sector agropecuario, en lo que destacó lo que todavía le falta pero va en el camino correcto; asimismo, destacaron los esfuerzos de algunas instituciones de primer piso (bancos, sofomes) para atender los retos del sector mediante nuevos esquemas de financiamiento, que pueden marcar el regreso del crédito comercial a las actividades primarias después de décadas de ausencia.

Una de las novedades fue la presentación de las modalidades más recientes y con mayor potencial de financiamiento al sector: pagos por servicios ambientales, mercado de bonos de carbono y la emisión de “bonos verdes”, que consisten en la captación de recursos en los mercados bursátiles para destinarlos a financiar o refinanciar proyectos asociados a la atención del cambio climático, a reducir las emisiones de carbono y, de particular importancia para ganadería en Veracruz, a la conservación del capital natural. A nivel mundial el mercado de bonos verdes está en expansión (sólo en 2016 se emitieron 82 mil millones de dólares de bonos etiquetados), pero los recursos destinados a agricultura, ganadería y silvicultura representaron menos de 2% del total, frente a 36% a energías renovables, 18% a infraestructura o 16% a transporte. En México, de 2015 a 2017 sólo se han emitido 5 bonos verdes, todos para estos últimos tres sectores y ninguno para el agropecuario (FIRA está en proceso de emitir el primero). El potencial es enorme.

Queda claro que, además de la voluntad de ganaderos, científicos y financieros, se requiere una política pública para articular esos esfuerzos y cambiar el rostro de la ganadería en el sureste del país.

* El autor es socio de GEA Grupo de Economistas y Asociados

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