Opinión

Gaceta de la UNAM, sesentona

Para Thamar Seguí

Uno. ¿El órgano crea la función? Quizá. Máxime si la función cuenta con importantes precedentes, y órgano y función se desarrollan en nuevo, propicio, hábitat.

Así ocurrió, entre otros muchos ejemplos, con la Difusión, la Imprenta y la Información universitarias (cuando la UNAM era la única universidad pública de la capital de la República).

Lo anterior como consecuencia, podemos y debemos decir inmediata, de la mudanza, del meritito centro, al sur pedregoso. 1952, 1953, 1954.

Dos. También podemos y debemos constreñir los últimos episodios trascendentales de la institución (impulsada por Sierra y “palomeada” por Díaz), todavía con los históricos paisajes del Primer Cuadro a tiro de piedra. La Catedral. Palacio Nacional. El zócalo (mudado, recién, en Mega Valet Parking). La comercial calle de Correos, la librería de los Porrúa y las polvorientas librerías de ocasión de Donceles.


¡ Plateros!

¿Qué dos episodios de despedida del Viejo Campus?

1929: el movimiento estudiantil que apareja la autonomía universitaria (relativa, pues habrá que esperar a 1933 para la plena, otorgada no sin plan con maña).

1944-1945: proceso excepcional que lleva a la promulgación de la actual, excepcional, Ley Orgánica.

Tres. Si en su nuevo espacio Difusión e Imprenta pudieron exhibir señalados precedentes, otro tanto ocurría con la Información.

Vamos por orden.

Desde los comienzos, la Universidad Nacional reconoció, junto a la Docencia y a la Investigación (ambas pautadas por las condiciones y problemas nacionales), la Difusión (entendida como extensión extramuros).

La “invención” correspondió a un grupo universitario de la sociedad civil. El Ateneo de la Juventud.

Basta pasar lista de presentes: Caso, Antonio; Henríquez Ureña, Pedro; Reyes, Alfonso; Vasconcelos, José. Y la mención de las principales empresas: Sociedad de Conferencias (1906-1909). Conferencias sobre el positivismo (1909), Ateneo de la Juventud (1909), Ateneo de México y Universidad Popular Mexicana (1912).

Más la injerencia en la Antología del Centenario, en 1910, y los Cursos para Extranjeros (inteligentísima contra-inteligencia) durante la cruzada (la educativa) de Vasconcelos. 1921-1924.
Cuatro. Imprenta. Cuando el presidente Álvaro Obregón traslada a la Nacional, los Talleres Gráficos de la Nación, el con ésta tres veces

¡Cómo no!


Origen para una, aún hoy, masiva propagación impresa. Los “Clásicos” de pasta verde. Las lecturas para niños y para mujeres, la revista El Maestro.

Revista ésta última que, para ilustración nuestra, José Luis Martínez incluyera en la definitiva colección Revistas Literarias Mexicanas Modernas del FCE; colección que “puentea”, no sobra decirlo, con las ediciones facsimilares que la UNAM ha realizado de El Renacimiento, primera y segunda época; de Revista Azul, primera y segunda; y de Revista Moderna).

Cinco. Información. A reserva de una más detenida pesquisa, yo encuentro en el (de avanzada) Reglamento de Extensión Universitaria de 1930, un vigoroso impulso a la información. Ahí se sanciona, por ejemplo, la revista Universidad de México.

Ya en su nuevo territorio sureño, germinan y florecen, la Investigación (enfatizo, por razones gremiales, la humanista), la Difusión, la Imprenta y la Información.

Con nombres y apellidos: Jaime García Terrés (Difusión), Rubén Bonifaz Nuño (Imprenta), Henrique González Casanova (información).

En 1959, el campus retorna a la polis con la puesta en marca de La Casa del Lago (que Limantour, superministro porfiriano, edificara como aristocrático Automóvil Club, en el marco de la conversión de Chapultepec como “Champaña Garden” de las Fiestas del Centenario). Primer director, todo ingenio, ajedrez, limitaciones presupuestales y dolores de parto: Juan José Arreola.
Seis. Con motivo de los sesenta años primeros, se publicó (de colección) un Suplemento Especial de la Gaceta, correspondiente al número 4, 627 al 25 de agosto de 2014.

Volví a ver, escuchar (voz de confidencia política), a “Don Henri”. Enrique con H. Le recomiendo que lea el Suplemento, entreverándolo con otra edición un unameña notable.

El Barrio Universitario de la Revolución a la autonomía, coordinado por Carlos Martínez Asad y Alicia Zicardi; las colaboraciones, amén de Carlos y Alicia, de Alejandra Moreno Toscano, (prólogo), Lourdes Alvarado, Guillermo Boils, Estela Morales Mónica Toussaint. Viejo y Neo Campus.