¿Qué nos depara 2018?
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¿Qué nos depara 2018?

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¿Qué nos depara 2018?

02/01/2018
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2018
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El 2018 será un año de mayor vigor económico, pero de un mayor dinamismo en el retiro del exceso de liquidez por parte de los banco centrales de economías avanzadas y de riesgos geopolíticos relevantes, tanto a nivel global como local.

Mayor crecimiento económico y de manera sincronizada. Considero que la dinámica económica global apuntará hacia una tasa de crecimiento más cercana a 4.0 por ciento, mayor al 3.5 por ciento al que probablemente haya crecido la economía en su conjunto en 2017. Si bien no es un hecho inédito, cabe resaltar que el año pasado el Fondo Monetario Internacional (FMI) revisó al alza sus pronósticos de crecimiento del PIB en dos ocasiones y no sólo eso, sino que no había revisado proyecciones al alza desde la crisis económico-financiera global de 2008-2009.

Así, en 2018 anticipo que las economías avanzadas podrán sostener tasas de crecimiento más sólidas y que los países emergentes observarán tasas de crecimiento ligeramente más altas que el año pasado. En mi opinión, las dos fuentes de crecimiento adicional a nivel global serán el impulso que podría llegar a otorgar la recién aprobada reforma fiscal en Estados Unidos, así como las reformas económicas que pueda continuar impulsando el presidente chino Xi Jinping, con su renovado liderazgo al haber sido ratificado para permanecer en el poder otro quinquenio más. En los emergentes, la salida de algunas economías de ciclos de crecimiento lento o inclusive de episodios fuertes de recesión (Brasil, por ejemplo) ayudará también a impulsar el crecimiento global.

En mi opinión, la economía mexicana crecerá más que en 2017. Si bien el PIB observó una desaceleración importante en el tercer trimestre del año pasado, considero que en 2018 es probable que la economía crezca alrededor de 2.5 por ciento, debido principalmente a tres factores, adicionales al crecimiento global sincronizado: (1) La producción petrolera no caerá por primera vez en 12 años. Si bien no abonará a impulsar la tasa de crecimiento per se, al menos no restará, como lo ha venido haciendo desde 2005; (2) año electoral en donde se llevarán a cabo comicios para elegir a tres mil 406 funcionarios públicos a lo largo y ancho del país. El gasto público que se ejercerá en este año será relevante, sin poner en peligro las finanzas públicas, pero impulsará el crecimiento de corto plazo; y (3) la instrumentación de la reforma laboral continuará brindando un impulso a la creación de empleo formal, tanto de nuevos empleos como de formalización de empleos existentes.

Reversión de estímulos cuantitativos. Los bancos centrales de economías avanzadas ya han iniciado o están a punto de iniciar la normalización de sus políticas monetarias ultralaxas que instrumentaron a raíz de la crisis económico-financiera global de 2008-2009. El primer paso es dejar de expandir el balance (moderación o tapering) como ya llevó a cabo tanto el Banco de la Reserva Federal de EU (Fed) como el Banco de Inglaterra (BoE). El segundo paso es elevar las tasas de interés, como ya lo hicieron tanto la Fed, como el BoE, e iniciar la reducción de balance, como ya lo ha llevado a cabo la Fed. Este año anticipo que, por un lado, el Banco Central Europeo (ECB) inicie el tapering, como lo ha venido anunciando desde la segunda mitad de 2017, que la Fed continúe la reducción de su balance y que tanto la Fed como el BoE continúen elevando las tasas de política monetaria. Considero que es muy probable que la Fed tenga que ser menos gradual en su proceso de alza de tasas este año, al menos con respecto a lo que hizo en 2017, principalmente debido a las consecuencias que probablemente tenga la instrumentación de la recién aprobada reforma fiscal en Estados Unidos (para más detalle ver 'Consecuencias económicas de la reforma fiscal en Estados Unidos', 26 de diciembre, 2017). Sin duda este será uno de los retos más significativos que tenga que enfrentar la economía global.

Riesgos geopolíticos 2018. En Italia se llevarán a cabo comicios generales durante la primera mitad del año, en donde existen varios partidos antieuro que han ido ganando terreno en la intención de voto de los ciudadanos. Por su parte, Estados Unidos sostendrá elecciones intermedias —en las que se renovará la Cámara baja en su totalidad y un tercio del Senado—, en noviembre.

En Japón, el emperador Akihito anunció que planea abdicar en 2018. Asimismo, habrán elecciones presidenciales y de otros cargos importantes de elección popular en varios países emergentes, particularmente en Colombia (marzo y mayo), México (julio), Brasil (octubre) y Venezuela (octubre) y en Cuba se retirará el presidente Raúl Castro.

Estos riesgos geopolíticos, así como las políticas monetarias de países desarrollados, sin duda mantendrán elevados los niveles de volatilidad en los mercados financieros globales. México no será la excepción y es muy probable que esto se observe principalmente en el tipo de cambio peso-dólar. Así, tanto la Comisión de Cambios como el Banco de México per se tendrán que vigilar que el tipo de cambio nominal no diverja significativamente de los niveles que se encuentren más acorde con los fundamentales de nuestro país, sobre todo en ambientes de bajo volumen y poca liquidez y que los movimientos observados no descarrilen la trayectoria de la inflación hacia la convergencia al objetivo de tres por ciento.

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* El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF.

* Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Twitter y Facebook: @G_Casillas

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Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.