¿Debemos creerle a las encuestas?
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¿Debemos creerle a las encuestas?

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¿Debemos creerle a las encuestas?

29/05/2018

En esta época electoral tendemos a ver encuestas. Además, conforme nos acercamos al día de la elección (1 de julio), se van publicando con una mayor frecuencia. Sea cual sea el resultado, nuestra naturaleza humana nos pide disminuir la incertidumbre que genera un cambio de gobierno que se aproxima. En este sentido es que deseo elaborar sobre si debemos ‘creerle’ a las encuestas.

En este contexto, considero que hay que destacar cinco aspectos sobre las encuestas de preferencia electoral: (1) Una encuesta es una fotografía del momento en el que se tomó, por lo que no implica necesariamente que así se van a quedar las preferencias electorales hacia delante. Adicionalmente, a diferencia de otras variables a las que se les da seguimiento dinámico (i.e. tendencia en el tiempo), como las económicas, financieras o inclusive biológicas, en política todo puede cambiar, tan pronto como de un día para otro. El acto terrorista el 11 de marzo de 2004 en España modificó radicalmente las preferencias electorales, en donde en los comicios del 14 de marzo terminó ganando la mayoría el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), a pesar de que en las encuestas antes del atentado terrorista el claro ganador en preferencias electorales era el Partido Popular (PP). Es un ejemplo extremo, pero considero que ilustra el punto; (2) para que una fotografía tenga buena calidad y podamos observar los detalles, necesitamos que haya sido tomada con un buen lente y en el caso digital que además tenga un alto número de megapixeles. En el caso de las encuestas, para que la fotografía sea de alta calidad, se necesita que cumpla con dos aspectos: (a) Metodología rigurosa para el levantamiento de las encuestas; y (b) que las encuestas sean ‘cara a cara’. Las casas encuestadoras que publican encuestas de manera consuetudinaria y que considero que cumplen cabalmente con esos dos requisitos al menos son Buendía y Laredo, Consulta Mitofsky, El Financiero (Alejandro Moreno), GEA/ISA, Ipsos y Parametría; (3) las encuestas enfrentan altas tasas de rechazo. Debido al disgusto que causa a la población en general que encuestadores invadan el ‘espacio vital’ personal, así como la creciente inseguridad en nuestro país, el rechazo a ser encuestado es muy alto. En el caso de Consulta Mitofsky, por ejemplo, Roy Campos me comenta que la tasa de rechazo es de 50 por ciento. La ortodoxia estadística dicta maneras de lidiar con estas altas tasas de rechazo. Por ejemplo, buscar una vivienda con características similares, de preferencia en la misma manzana, para no perder la representatividad de la muestra; (4) hoy por hoy, las encuestas que se están publicando no solo cuentan con una alta tasa de rechazo, sino con un alto porcentaje de ‘indecisos’ (de 10 a 38 por ciento), es decir, que estas personas sí aceptan ser encuestadas, pero que contestan que ‘no saben’ por quien van a votar (si las elecciones fueran hoy). Si bien se dice que una proporción alta de los ‘indecisos’ tiende a no votar, no he encontrado algún estudio serio en México que sustente esta aseveración; y (5) recientemente Luis Rubio externó su opinión sobre el ‘voto oculto’ en un comentario de UnoTV (23 de mayo). El ‘voto oculto’ representa a la población que contestó la encuesta y que ‘le dio pena’ decir por quién realmente piensa votar, debido a que puede pensar que es políticamente incorrecto, por ejemplo. Esto es parte de lo que las encuestas podrían reflejar también y hacer que el resultado de la elección pueda ser suficientemente diferente al de las encuestas.

El manejo de los indecisos se convierte en un tema bastante controversial. Para empezar, hace que se publiquen encuestas de preferencias ‘brutas’ y preferencias ‘efectivas’. Las ‘brutas’ son las preferencias tal cual contestaron los encuestados, dejando a los ‘indecisos’ de manera explícita. En este sentido, la suma de porcentajes no suma 100 y el porcentaje que falta justo es la proporción de los encuestados que declararon no saber por quién van a votar (o ‘indecisos’). Por otro lado, las encuestas que se presentan con preferencias ‘efectivas’ son las que asumen que los ‘indecisos’ prácticamente tienden a no votar, por lo que son excluidos de la encuesta y se cambia la base para que los porcentajes de preferencias electorales por candidato sumen 100 por ciento. Sin embargo, al excluir a los indecisos, se está asumiendo que dichos indecisos estarían dispuestos a votar en las mismas proporciones que los que ya decidieron. Éste me parece un supuesto muy poco defendible.

En resumen, creo que más que ‘creerle’ a las encuestas, hay que considerarlas como información relevante en un proceso electoral (en este caso), conociendo las salvedades con las que hay que interpretarlas. Al final del día mi exhorto a la población mexicana es que más que ver las encuestas, nos informemos sobre las propuestas de los diferentes candidatos (#VotoInformado) y que vayamos a votar este 1 de julio.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.