Asuntos de política que la economía no entiende
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Asuntos de política que la economía no entiende

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Asuntos de política que la economía no entiende

06/11/2018
Actualización 06/11/2018 - 9:15

L a semana pasada se canceló la obra del Nuevo Aeropuerto Internacional de México (NAIM). La reacción de los mercados financieros internacionales, así como de algunas calificadoras de riesgo no se dejó esperar. La reacción inicial de los mercados estuvo caracterizada por una depreciación del peso mexicano frente al dólar de EU de 19.22 —al inicio de la consulta—, alcanzando un nivel máximo de 20.47 (6.5 por ciento), el mismo número de desviaciones estándar que las elecciones de EU en noviembre de 2016. Asimismo, el índice S&P/BMV IPC se cayó poco más de nueve por ciento y el rendimiento de los bonos del gobierno federal a tasa fija en pesos con vencimiento a 10 años se incrementó 85 puntos base (de 8.21 a 9.06 por ciento). En cuanto a las tasas de interés de corto plazo, los futuros de las tasas de TIIE con vencimiento en tres meses ahora descuentan un incremento de la tasa de política monetaria de casi 40 puntos base (pb) de aquí a fin de año, cuando la semana antepasada anticipaban un incremento de nuestro instituto central de solo 20 pb. Hacia delante, los futuros de la TIIE ya no anticipan la posibilidad de que el Banco de México pueda reducir la tasa de referencia en la segunda mitad de 2019, que hace apenas unas semanas ya descontaban la posibilidad de un recorte de 14 pb en la tasa de referencia durante el tercer trimestre. Por su parte, las calificadoras de riesgo Fitch Ratings y HR Ratings revisaron su perspectiva de calificación de la deuda soberana de México de ‘estable’ a ‘negativa’.

Les confieso que personalmente quedé atónito con la decisión de cancelar el NAIM. No tenía duda que de alguna manera se iba a continuar la construcción del NAIM, sabiendo que iba a costar más caro cancelarlo y hacer el proyecto alternativo de Santa Lucía —independientemente si va o no a solucionar el problema de saturación del aeropuerto actual de la CDMX—, que continuarlo. No tenía duda de que la obra continuaría por lo que podía ocasionar en los mercados financieros, sobre todo porque restaría directamente recursos futuros que nuestro presidente electo podría utilizar para los programas sociales, al encarecer el costo de la deuda del gobierno federal. No tenía duda que la racionalidad económica iba a imperar. La realidad económica no depende de teorías, ni ideologías, existe y se impone, máxime que estoy en el entendido de que se conocían las consecuencias potenciales. En este sentido recordé la frase: “El corazón tiene razones que la razón no entiende”, atribuida al físico y matemático francés Blaise Pascal (1623-1662). Efectivamente, la política es de emociones y por ello, en muchas ocasiones da “razones que la razón no entiende”. Hoy me queda claro que la racionalidad que imperó fue la política, que no siempre está alineada con la racionalidad económica.

Si la decisión de cancelar el NAIM no se entiende bajo una racionalidad política, entonces se abre ‘la caja de Pandora’ y se torna probable cualquier modificación que implique la pérdida de la estabilidad macroeconómica o de plano la destrucción institucional de nuestro país (como las iniciativas legislativas recientes que pretenden utilizar las reservas internacionales del Banco de México, por ejemplo, que no es una propuesta de nuestro presidente electo). No obstante lo anterior, poniendo al frente la racionalidad política y la abrumadora votación que logró Andrés Manuel López Obrador, creo que los pilares para entender el sexenio que está a punto de comenzar son los siguientes: (1) Retomar las políticas que Andrés Manuel propuso en su libro más reciente; como sabemos, no va a poder llevar a cabo todas las políticas planteadas, por lo que considero que las que tendrán prioridad son las que nuestro presidente electo ha repetido a lo largo de sus discursos y que fueron reproducidas en www.proyecto18.mx y los documentos titulados ‘Pejenomics’. ¿En dónde estarán los límites? (2) Responsabilidad fiscal. Si hay un tema en el que López Obrador ha sido totalmente consistente a lo largo del tiempo y con todas las audiencias, es que será fiscalmente responsable (los inversionistas globales tienen muy en cuenta este punto); y así (3) las propuestas que se contrapongan a las propuestas prioritarias o que queden fuera de la restricción presupuestal, no se llevarán a cabo. En mi opinión, el resultado de instrumentar este marco de acción se encuentra cerca de lo que nuestro presidente electo desea lograr —en donde nunca he dudado de sus buenas intenciones para nuestro país—, y lejos de los escenarios catastróficos que algunos analistas y columnistas han sugerido.

El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF.

Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.