50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años (V)
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50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años (V)

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50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años (V)

17/04/2018
Actualización 17/04/2018 - 11:40

Peter Diamandis —reconocido médico, empresario y ‘futurólogo’ estadounidense—, reunió 50 predicciones sobre avances tecnológicos que muy probablemente provoquen cismas en el mundo como lo conocemos hoy. Diamandis las publicó a finales de febrero y a partir de esa fecha inicié una serie de columnas dedicadas a describir y en algunos casos comentar sobre estas predicciones: '50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años' (parte 1), 27 de febrero; '50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años' (parte 2), 13 de marzo; '50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años' (parte 3), 3 de abril, y '50 predicciones de Diamandis para los próximos 20 años' (parte 4), 10 de abril). Hoy continúo con otras siete, en orden cronológico (de dos en dos años, como las publicó Diamandis).

Para el año 2030, quienes apoyaron a Diamandis para proyectar los avances tecnológicos y su cronología anticipan que (siguiendo la numeración de las columnas anteriores): (32) La inteligencia artificial (AI o Artificial Intelligence) aprobará la ‘prueba de Turing’, en la que ya no hay manera de distinguir entre inteligencia humana y robótica. Diamandis agrega que es muy probable que para ese año la inteligencia artificial sea ‘más inteligente’ —valga la redundancia—, que los seres humanos, en todas las áreas; (33) la humanidad podrá alcanzar la ‘velocidad de escape de la longevidad’. En física, la ‘velocidad de escape’ de un planeta (o astro) es la velocidad mínima con la que debe de lanzarse un cuerpo para que ‘escape’ de la atracción de la fuerza de gravedad de dicho planeta o cuerpo celeste. En este sentido, aplicada a la longevidad significa que así como estamos ‘atrapados’ por la fuerza de gravedad, también nos acecha la muerte.

Para mucha gente, cada año que vivimos también representa que nos encontramos un año más cerca de nuestra muerte. Sin embargo, esto no es así de lineal en las estadísticas actuariales de las personas.

Hay edades a las que si tenemos la fortuna de llegar relativamente saludables, la probabilidad de que logremos una edad más avanzada aumenta. ¿A qué me refiero? En el siglo XIX, por ejemplo, la expectativa de vida del ser humano era de 35 años, pero eso no quería decir que la mayoría de la gente se moría a esta edad. De hecho, lo que ocurría es que mucha gente fallecía al nacer o durante la niñez, pero una parte importante de la sociedad moría hasta los 60, 70 u 80 años. Por ejemplo, la reina Victoria de Inglaterra vivió 81 años, Karl Marx vivió 64 años y Charles Darwin vivió 73 años. Sin embargo, al promediar con la gran cantidad de personas que morían al nacer o durante la niñez, la expectativa de vida era baja. En este sentido, si una persona llegaba a los 20 años saludable, la probabilidad de que pudiera vivir 50 aumentaba y si llegaba a los 50 saludable, la probabilidad de que pudiera alcanzar los 60 aumentaba. Con el avance de las normas de higiene y de la medicina, la mortandad infantil fue disminuyendo significativamente, así como otras causas de muerte y la expectativa de vida fue aumentando. No obstante lo anterior, realmente no ha aumentado la edad máxima de vida (alrededor de 120 años).

¿Qué pasaría si hubiera una edad a la que si llegamos saludables, la probabilidad de vivir 120 años aumenta significativamente?, o ¿200-300 años? Sin embargo, si podemos vivir 300 años, tal vez con el avance tecnológico que exista cuando lleguemos a 250 años, por ejemplo, ya te permitiría vivir otros 400 años y así sucesivamente hasta llegar a la (casi) inmortalidad. Esta edad sería la ‘velocidad de escape de la longevidad’ a la que las mentes brillantes consultadas por Diamandis anticipan que sabremos cuál es esta edad en el año 2030. Sí, este es un tema fuerte; (34) las agencias de inteligencia reportarán que todos los mensajes y correos electrónicos que se guardaron entre 1990 y 2029 se han desencriptado por medio de procesadores cuánticos, exponiendo una cantidad de datos privados sin precedente (¿quantumleaks?). Esto puede incluir información como visitas ‘borradas’ a sitios de internet, así como información sobre compras, pago de servicios, etcétera. Estoy seguro de que muchas de estas predicciones pueden servir para crear un guión de una película futurista muy interesante, pero creo que esta en particular podría ‘dar mucha tela de donde cortar’; (35) por primera vez en la historia se acelera la caída de las emisiones de carbón. Se firma un acuerdo mundial de cero emisiones de carbón para 2050; (36) las grandes empresas petroleras se declaran en bancarrota. Si se cumple esta predicción, estamos hablando de menos de 12 años para comercializar nuestro petróleo; (37) para este año la ‘pobreza energética’ ha caído a la mitad y vamos a estar cerca de lograr el acceso universal a la energía; y (38) en lugar de convertirse en nuestros dictadores, diversos sistemas de inteligencia artificial apoyan al ser humano a resolver problemas en prácticamente cualquier rubro.

A pesar de lo fascinante que parece el futuro no tan lejano que pinta Peter Diamandis, hay varios aspectos que me asustan un poco. Creo que aunque siempre las he respetado, por primera vez puedo entender a las comunidades Amish o menonitas y seguro habrá grupos similares hacia delante, que quieran preservar actividades y aspectos de nuestra vida como la conocemos hoy

Todavía faltan 12 predicciones, que continuaré describiendo y comentando aproximadamente cada dos semanas.

El autor es director general adjunto de Análisis Económico y Relación con Inversionistas de Grupo Financiero Banorte y presidente del Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF.

Las opiniones que se expresan en esta columna no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, ni del IMEF, por lo que son responsabilidad exclusiva del autor.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.