Opinión

¿Gabinete de primera o segunda fuerza?

 
1
 

 

    [La organización destaca que pese en las iniciativas de Peña están ausentes los derechos humanos./Cuartoscuro] 

Una de las últimas cartas que le quedan al presidente Enrique Peña Nieto para enmendar la tendencia de su imagen en picada y corregir los cuestionamientos que hay sobre su capacidad de gobernar y sacar adelante las reformas aprobadas en el resto del sexenio, es la de consolidar un gabinetazo.

A esas alturas, los spots y publicidad política simple y llanamente no serán suficientes para cambiar la imagen que se tiene del presidente y su equipo. La única forma sería integrar un gabinetazo que envíe un mensaje de que no sólo se busca un cambio de ruta, sino que se nombra a personas calificadas, con una reputación incuestionable y que antepondrán los intereses del país a los personales y electorales.

Y es que, aunque usted no lo crea, un presidente tiene relativamente poco poder en democracias funcionales donde rige el Estado de derecho, y su actuar está bajo la lupa de medios de comunicación y ONG nacionales e internacionales. Pero lo que sí puede controlar y usar políticamente es a su equipo de asesores y a sus secretarios.

El círculo cercano al mandatario no sólo debe reflejar el tipo de gobierno que busca imponer el presidente (técnico, políticamente incluyente, diverso, joven, experiencia, liberal, conservador etcétera); en realidad sus integrantes son “fusibles” políticos que pueden prenderse o apagarse según las necesidades del gobernante. Eso incluye hacer cambios en el gabinete para demostrar cambio de rumbo, darle blindaje al presidente ante escándalos o malos manejos, o responder a necesidades políticas con diferentes grupos de poder. En el caso de Enrique Peña Nieto, su gabinete no ha podido hacer lo básico, que es proteger la imagen del presidente.

Al analizar las características de líderes extraordinarios que tuvieron que enfrentar situaciones de crisis, su capacidad para gobernar y actuar ante una emergencia tuvo mucho que ver con que fueron gobernantes que supieron rodearse de extraordinarios asesores y expertos.

En el momento en que un presidente decide hacer cambios en su equipo cercano, esto se ofrece como una oportunidad para que el mandatario envíe un mensaje de liderazgo al pueblo, subrayando que el presidente es el verdadero poder en el trono y no los miembros del gabinete, por más poderosos que sean. La selección no debe centrarse en aceptar recomendados, asumiendo su pedigrí mexiquense. Al presidente le urge elegir no únicamente a quien lo complemente sino también a quien lo fortalezca; inclusive quien lo cuestione y que lo haga reflexionar.

Ante la realidad de la crisis que se está viviendo en el país, y la mediocridad de varios de los actuales secretarios, ¿no es hora de considerar como requisito que todos los miembros del gabinete se sometan a un proceso de escrutinio público y ratificación ante la Cámara alta? No estoy proponiendo que todos los puestos del Ejecutivo y la rama judicial tengan que someterse a un proceso de ratificación. Pero por lo menos requerir que todos los secretarios tengan que enfrentar un proceso de nombramiento más transparente y con la ratificación del Senado.

La propuesta sería incluir en la Ley Orgánica de la Administración Pública Federal que todos los secretarios de Estado deberán ser ratificados por el Senado de la República antes de que puedan tomar posesión. El Senado decidirá las modalidades y el número de audiencias a que someterán los candidatos propuestos por el presidente. Hay que señalar que habrá analistas que argumenten en contra de esta propuesta, por la preocupación de que se politicen y se retrasen los nombramientos y se coarte la facultad constitucional del presidente de la República de nombrar libremente a los secretarios de Estado. Son argumentos válidos y hay que buscar procedimientos que eviten que se paralice la administración pública. Francamente, pienso que los estados también deberían considerar procedimientos similares para el nombramiento de los secretarios estatales.

¿Cuántos de los secretarios actuales hubieran podido enfrentar un proceso de ratificación en donde se les cuestionara su nivel educativo, su experiencia profesional, su capacidad de ejercer el cargo, o los conflictos de interés que pudiesen surgir?

Pero en este momento hay muy pocos incentivos por parte de los presidentes de darle prioridad a nombrar personas capaces con experiencia y trayectoria política necesarias para ejercer estos cargos, que darle menos prioridad a nombrar una camarilla de “cuates” o personal de confianza.

Si los primeros tres años fueron malos, los siguientes, desafortunadamente, serán peores. Esta es la ley de la política.

Realmente, ¿siente señor presidente que tiene el equipo adecuado para enfrentar una crisis financiera, un magnicidio, un terremoto, atentados terroristas o brotes de violencia social?

Twitter: @Amsalazar

También te puede interesar:
Locura contagiosa
Jaque de Manlio
El cocinero quiere ser presidente