Opinión

G-20 Estambul 2015: inversión, inclusión
e instrumentación

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G20

La semana pasada se llevó a cabo la primera reunión del año de secretarios de Finanzas y gobernadores de bancos centrales del Grupo de los Veinte (G-20) en Estambul, Turquía. El G-20 está compuesto por las 20 economías más grandes del mundo en términos de PIB y consiste en 19 países de manera individual y la Unión Europea (Alemania, Arabia Saudita, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Corea del Sur, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, México, Reino Unido, Rusia, Sudáfrica, Turquía y la Unión Europea).

Cada año se turna la presidencia del G-20 entre los 19 países y se llevan a cabo reuniones para discutir los temas que se consideran más relevantes y se hacen compromisos para llevar a cabo una serie de acciones, particularmente enfocadas a promover la estabilidad financiera internacional.

Las preocupaciones que se expresaron fueron muy similares a las que se discutieron el año pasado bajo la presidencia de Australia en el G-20, donde destacaron tres en mi opinión: (1) lento crecimiento global, inclusive la posibilidad de encontrarnos en un periodo largo de bajo crecimiento secular (i.e. secular stagnation) y sus implicaciones en el empleo; (2) la necesidad de solidificar el marco macroeconómico de cada país para minimizar los impactos de choques adversos a nivel global, en particular, fortalecer los sistemas financieros y las finanzas públicas; y (3) la necesidad de continuar fortaleciendo las instituciones globales (Fondo Monetario Internacional, Organización Mundial del Comercio y el Consejo de Estabilidad Financiera).

A estas preocupaciones se unió el impacto de la caída significativa de los precios del petróleo, sobre todo que se percibe que permanecerán en niveles bajos por un largo periodo de tiempo. No obstante lo anterior, por el lado de las soluciones y los compromisos, en lugar de tener una agenda de varias páginas con una larga lista de acciones por llevar a cabo, como es costumbre del G-20 y con el objetivo de hacer frente a las críticas sobre la percepción de que muchas de las iniciativas que se plantean en estas reuniones no se llegan a concretar, el gobierno de Turquía definió la agenda con tres 'i': inversión, inclusión e instrumentación.

Inversión. Se exhortó a los jefes de Estado a llevar a cabo proyectos de inversión en infraestructura, como camino para poder elevar el crecimiento potencial de las economías. En particular, se comentó mucho un estudio reciente que publicó el despacho de consultoría McKinsey, en donde se estima que entre hoy y 2030 el mundo va a requerir de al menos 60 billones de dólares en inversión en infraestructura, si se desea crecer a tasas más dinámicas. Si bien no se está “descubriendo el hilo negro” aquí, se discutieron formas de planear y financiar estos proyectos. Sobre todo partiendo del hecho de que los gobiernos han sido históricamente las principales fuentes de financiamiento de este tipo de proyectos. Ahora, con el poco espacio fiscal que tienen los gobiernos para llevar a cabo una expansión de gasto público, se propone promover la utilización de asociaciones público-privadas, con los retos de incentivos, legales y de financiamiento que representan.

Inclusión. Este fue un mensaje que recibió especial atención, sobre todo a la luz del creciente debate sobre el incremento de la desigualdad económica a nivel global. En este sentido, la propuesta se concentró en que tanto en la asignación de prioridades, como en el diseño e instrumentación de cualquier proyecto de inversión que dé impulso al crecimiento, no se debe dejar de lado el tema de inclusión tanto financiera como en términos de empleo y educación. Si bien la inversión en infraestructura va de la mano con la creación de empleos, se destacaron la transparencia y las medidas anticorrupción como elementos esenciales para que los proyectos de inversión realmente apoyen la inclusión y la disminución de la desigualdad.

Instrumentación: Por último, en este rubro la clave fue discutir las formas en que las iniciativas pueden realmente ser llevadas a cabo, i.e. aterrizarlas. En este contexto, la propuesta transitó en tres vertientes: (1) tener una agenda relativamente pequeña (de aquí las tres 'i'); (2) compartir experiencias tanto de éxito como de fracaso, para aprender de ambas e instrumentar mejor los proyectos de inversión para impulsar un mayor crecimiento y que éste sea incluyente; y (3) se discutieron formas en las que se continúe fortaleciendo la estabilidad de los sistemas financieros, pero vigilando que lo aspectos regulatorios no resten dinamismo a la economía.

* El autor es director general de Análisis Económico de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones que se expresan en el artículo no necesariamente coinciden con las del Grupo Financiero Banorte, por lo que son responsabilidad absoluta del autor.

Twitter: @G_Casillas

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