Opinión

Futuro nebuloso

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deuda

Decíamos ayer que los niveles de endeudamiento que se tienen en el mundo son históricos. Nunca antes había pasado algo similar a lo actual. A veces había un gobierno con problemas, o dos, pero nunca antes habíamos tenido a todos los países grandes del mundo con deudas de entre 50 y 300 por ciento del PIB. El promedio supera el 100 por ciento.

Estas deudas son resultado, decíamos, de mantener un nivel de vida artificialmente elevado, por varios caminos distintos. Pero ahora hay que empezar a pagar. Para reducir el golpe, los gobiernos experimentan con una política monetaria extraordinariamente laxa, que funciona de forma similar a un proceso inflacionario (en términos de diluir la deuda), pero sin tener los costos de la inflación. Se cree que si este tipo de política dura demasiado tiempo, esos costos van a aparecer, pero nadie sabe qué es demasiado tiempo.

Al mismo tiempo que las deudas llegan a estos niveles muy elevados, la población del mundo empieza a reducirse, salvo en África. Los países europeos tienen un gran déficit de población en edad de trabajar, y lo mismo ocurre ya en Asia (Japón, China). Incluso en países latinoamericanos, como Brasil, el fenómeno empieza pronto. Aunque las migraciones pueden ayudar, se trata de un fenómeno complicado, como Europa lo ha estado viendo en estos días.

Observe usted que hay una circunstancia agravada: la generación de la posguerra (y hasta fines del siglo pasado) tuvo un nivel de vida artificialmente alto, y por eso hay deuda. Las generaciones actuales (y las que vienen) ya no podrán tener ese nivel de vida, porque se ha reducido el estado de bienestar en muchos países. Pero lo que sí van a tener es una deuda que pagar. Si usted no lo había percibido ya, póngase en el lugar de todos estos jóvenes que crecieron pensando que la vida era fácil, que siempre habría empleo, que en ese empleo la responsabilidad sería cada vez menor y el sueldo mayor, y que de pronto se encuentran con que todo esto era un espejismo. Peor, no sólo su vida será difícil por sí misma, sino que además tiene que cargar con la deuda de la generación de sus padres.

Cuando esta sensación es general, la política se complica. Y los políticos, que son expertos en percibir estados de ánimo y actuar en consecuencia, saben que hay desasosiego y proponen respuestas.

Pero proponen las respuestas del siglo pasado, las que conocen, las que servían: más empleos, mejores condiciones de seguridad social, y eso no ocurre. No hay cómo. Al revés, lo que crece son las deudas, llega la Gran Recesión, y con ella queda absolutamente claro que no saben qué hacer. Para evitar una catástrofe, los temas políticos se vuelven económicamente neutros, pero llamativos: legalizar drogas, matrimonios [entre personas] del mismo género, incluso discusiones de aborto o muerte asistida.

Pero no alcanza con eso. La población quiere regresar a la época en la que había empleo para todos, pensiones garantizadas, una vida segura con bajos impuestos. Los gobiernos no pueden cumplirles, porque es imposible, y entonces la política se hace cada vez más complicada.

Aparecen algunos que ofrecen regresar a ese pasado, y como no tienen historial político, y parecen “independientes”, la gente les cree. No tardarán mucho en darse cuenta de que les mintieron, y entonces su enojo será mayor. Si para entonces los políticos de carrera no han podido construir soluciones, entonces, literalmente, arderá Troya.

Creo que eso es lo que estamos viendo en todo el mundo: presiones financieras, políticos con respuestas antiguas, una población enojada y farsantes con promesas incumplibles. Pero pronto habrá que pasar a la siguiente etapa, y de eso le platico la próxima semana.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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