Opinión

Futuro apostado


 
Pasados los entuertos de la reforma hacendaria en el Senado, viene la que algunos llaman la madre de todas las reformas: la energética. A ella está apostado el futuro del gobierno peñanietista y, por ende, el de México.
 
Después de la paliza que se llevaron los panistas en las discusiones de la reforma hacendaria por parte de la aplanadora PRI-PRD, habremos de ver qué tan grande es el enojo azul, que tanto ha impulsado la reforma político electoral.
 
La próxima semana comenzarán los debates de esa reforma política que interesa, principalmente, a los políticos. En la calle, en las mesas de los hogares mexicanos, en las empresas lo que más preocupa es cuánto nos cobrarán de impuestos, si crecerá la economía. A quien no tiene empleo, le interesa saber si conseguirá uno, y quienes ya lo tienen quieren saber si lo conservarán.
 
La reelección de Diputados, Senadores o Presidentes Municipales son temas que importan un pepino a la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo, la reforma política que tanto interesa al PAN podría servir de ‘caramelo’ para conceder algunas cosas a los panistas para que se les pase el coraje y refrenden su apoyo a la reforma energética del gobierno. Así se negocia en la política.
 
Los priistas dicen que ni hablar de la segunda vuelta para la elección presidencial. La reelección consecutiva de Diputados, Senadores o Presidentes Municipales se aprobará sin mayor dificultad. Entonces, la ‘carnita’ de la reforma vendrá en la decisión de desaparecer o no al IFE y crear en su lugar el Instituto Nacional de Elecciones, INE, encargado de organizar, supervisar y realizar todas las elecciones en el país.
 
La idea del PAN es que el INE quite el poder a los gobernadores para manipular las elecciones locales. Los gobernadores ya manifestaron su rechazo y piensan defenderse con todo. Argumentan que sería carísimo y no hay dinero para liquidar a los trabajadores de los institutos electorales de los estados.
 
Algo que pocos han considerado es que el Instituto Nacional de Elecciones podría convertirse en una especie de Frankestein. Imagine que todo se concentra en el INE y, también, en el Distrito Federal. Además, como ya se está haciendo, que se homologuen todas las elecciones del país. O sea, que todas las elecciones de presidentes municipales, congresos locales, gobernadores, diputados, senadores y presidente de la república se lleven a cabo el mismo día.
 
Imagine también que todas las inconformidades por los resultados electorales vengan a dirimirse al mismo tiempo, vía la protesta callejera, al Distrito Federal. Sería el caos.
 
Por ahí se dice que la salida viable sería fusionar al IFE y al INE, de modo que tenga mayores facultades de fiscalización sobre los partidos políticos y sus gastos de campaña. Yo sólo pregunto algo de lo que nadie ha hablado ¿Con esta reforma se recortará el dinero público que reciben los partidos políticos?
 
 
Hasta el lunes.
 
 
Twitter: @cachoperiodista