Opinión

Funesta elección para Obama… y no necesariamente para México

Syracuse, NY. La elección del medio término del pasado martes 4 de noviembre ha convertido al Presidente Obama, según el argot político de este país, en un “pato cojo”, es decir un ejecutivo sin fuerza hasta que termine su mandato el 20 de enero del 2017.

En la cámara baja el Partido Republicano fortaleció su mayoría (al menos 16 curules). Pero el gran descalabro a los demócratas estuvo en el Senado, pues perdieron la mayoría. En la cámara alta, los republicanos ganaron más de los seis escaños requeridos para rebasar los 50 curules. En el Capitolio, el partido que gana la mayoría se hace acreedor de todas las presidencias de los comités y subcomités en que está dividida la función legislativa. Es decir, el Partido Republicano es amo y señor del poder legislativo.

¿A qué se debe el avance del Partido Republicano y qué repercusiones tendrán los resultados de la elección sobre México?

Tres elementos principales explican lo sucedido. Primero, la baja popularidad de Obama. En la última encuesta de The Washington Post-ABC del 3 de noviembre pasado, sólo el 43% de la población aprueba su labor. Por eso la inmensa mayoría de candidatos demócratas no querían verse asociados con su presidente. Esta necesidad de alejarse del impopular ejecutivo llegó a situaciones extremas como en Kentucky donde la candidata demócrata al Senado, Alison Grimes nunca contestó si votó a favor o no de Obama.

Segundo, las elecciones de medio término son generalmente desfavorables para el presidente, a quien sin estar presente en las boletas, le cargan todos los males. Además, de los 36 escaños en juego del Senado, 21 estaban en manos demócratas y sólo 15 eran curules republicanas.

Tercero, una buena campaña republicana y los demócratas divididos. Los republicanos, especialmente los candidatos al Senado, marcharon al unísono machacando un mensaje --Obama es la fuente de todos nuestros males. En todo momento Obama fue caracterizado como incapaz de hacerle frente a un mundo cargado de amenazas: el ébola, el nuevo terrorismo del Estado Islámico de Irak y Siria (ISIS por sus siglas en inglés), o bien las historias literalmente de terror esparcidas por algunos candidatos republicanos como el Representante Duncan Hunter (Calif.), quien aseguró --al menos 10 terroristas de ISIS fueron aprendidos cruzando la frontera de México a Estados Unidos en la región de Texas.

En contraste con la coordinación republicana ejercida por el astuto Mitch McConnell (Kentucky), quien será ungido líder de la mayoría del Senado, los demócratas no sólo no lograron ocultar la animosidad entre el presidente y su camada de senadores, sino que incluso se exacerbó. La Casa Blanca no transfirió fondos al Comité Nacional Demócrata aduciendo problemas legales y Obama tampoco respetó el trato de mantenerse alejado de la elección. Esto trajo importantes reacciones de senadores demócratas y las filtraciones a la prensa sobre el malestar ente el ejecutivo y su camada no se hicieron esperar.

Las implicaciones para México son de tres tipos. La mala. La parálisis gubernamental seguramente se acentuará, pues la relación ejecutivo-congreso será de mayor confrontación. Requerimos un vecino fuerte que lleve a cabo una agenda de reformas urgentes, como la seguridad social, la impositiva y poner las finanzas públicas en orden.

Lo incierto. Cómo reaccionará un Washington aún más dividido ante el problema número uno de México, la seguridad ciudadana. Estados Unidos está cada vez menos involucrado. El presupuesto de la Iniciativa Mérida se ha reducido casi a una cuarta parte: de 400 millones de dólares en 2008 a 116 millones para 2016 (Congresssional Research Service).

Lo bueno. La migración verá seguramente un avance por la vía ejecutiva. Obama tiene dos incentivos para mejorar la situación de la comunidad migrante, dejar un legado pro-migración y asegurar que el voto latino apoye al candidato demócrata a la presidencia en 2016.

Finalmente, la agenda comercial podría activarse con los republicanos en control del Senado. Esto favorecerá las negociaciones como el la Alianza Comercial Transpacífico (TTP por sus siglas en inglés) en donde México participa.