Opinión

Fuimos simples engranajes de la
Guerra Fría

 
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Castro fidel

En agosto 1975 celebré mi cumpleaños a la orilla de una alberca en La Habana. Cumplía 14 años y era la nadadora más joven del equipo nacional de natación invitados a entrenar y competir en Cuba.

Pero sin saberlo, todos los que conformábamos parte de ese equipo de natación que viajó a Cuba ese verano de 1975, también formábamos parte de la política exterior del presidente Luis Echeverría (1970-1976), quien buscó distanciarse de Estados Unidos, diversificar relaciones con países “no alineados”. Era la política del tercermundismo diplomático en la que los países buscaban cómo usar la Guerra Fría para defenderse y no ser el jamón del sandwich de la discordia entre Estados Unidos y Rusia.

Además del equipo de natación, ese año había una fuerte agenda de intercambios deportivos y culturales entre ambos países, como parte de esta estrategia del presidente Echeverría, quien viajó a Cuba ese verano para reunirse con el presidente Fidel Castro. Pero hay que recordar que el deporte en países socialistas y comunistas era una herramienta más del Estado para proyectar su imagen y poderío.

Y fue ahí donde se marcaba la diferencia entre la forma de pensar de los nadadores cubanos y los mexicanos. Nos sorprendía cómo sometían al equipo cubano al adoctrinamiento político de media hora, inmediatamente después de cada entrenamiento –hablando de las virtudes de la Revolución y el liderazgo de Fidel Castro–. Nosotros en cambio corríamos a los baños para cambiarnos y buscar algo de comer. La imagen de Castro era omnipresente, en cada esquina, tienda u oficina donde entrábamos. Yo llegué a preguntarle a uno de nuestros anfitriones si “en verdad pensaba que Castro era absolutamente perfecto”. Y con total seriedad me contestó que sí. Ahora entiendo lo injusta que fui al preguntarle eso al compañero nadador cubano, ya que a diario eran adoctrinados para no pensar diferente. Pero sobre todo nos vigilaban las 24 horas “nuestros chaperones”, seguramente de la inteligencia cubana, para asegurar que nosotros, y sobre todo nuestros amigos cubanos, siguiéramos los lineamientos políticos de la revolución cubana en nuestras conversaciones e intercambios.

La falta de respeto a las autoridades nacionales también era una de las grandes diferencias entre los adolescentes cubanos y mexicanos que participamos en ese intercambio en 1975. Nos encontrábamos almorzando cuando una de las meseras apresurada se nos acercó y nos invitó a que bajáramos a la calle para ver la caravana donde el presidente Castro estaría recibiendo al mandatario de México, Luis Echeverría Álvarez. Nuestra respuesta de adolescentes rebeldes provenientes de un país donde todavía había algo de libertad de expresión fue: “¡quéeee! ¿Ir a recibir a ese jijo de la tiznada de Echeverría? ¡Qué te pasa! ¡Claro que no! ¡Que se muera el ca$&@on! La mesera, asustada, no se volvió a acercar a nuestra mesa.

El que tuviéramos nuestros chaperones las 24 horas se convirtió en un serio problema para los que querían ir a intercambiar sus jeans, chicles y artículos de primera necesidad con cubanos dispuestos a dar a cambio pesos que después podían usar para comprar artículos de lujo provenientes en su mayoría de la Unión Soviética en las tiendas exclusivas para extranjeros. Para tres de nosotros estos “chaperones” nos dificultaban hacerle el favor a un masajista cubano del Centro Olímpico Mexicano, radicado en México, que nos pidió que lleváramos maletas y bolsas para sus familiares con artículos como tela, botones, ropa interior, medias, calcetas, cepillo de dientes, jabón. Entregar nuestros paquetes a los familiares del masajista cubano fue una aventura y probablemente mucho más peligroso de lo que entendían nuestras neuronas juveniles.

Por eso, al ver esas imágenes del presidente Barack Obama y de Raúl Castro saludándose en Panamá comprometiéndose a romper los últimos vestigios de lo que fue la Guerra Fría, me recuerda que fuimos generaciones de cubanos, mexicanos y estadounidense que formaron parte de un engranaje político con resultados que sólo la historia podrá evaluar. ¿De algo sirvió el boicot de Estados Unidos o fue una alternativa para no invadir a Cuba? ¿O fue lo que permitió que dos hombres con el mismo apellido –Castro– gobernaran la isla por 57 años? Ante el acercamiento entre Estados Unidos y Cuba, ¿cuál será el eje unificador entre la izquierda antiyanqui en el hemisferio?

Eventualmente concluirá el régimen de los Castro. ¿Este acercamiento con Estados Unidos permitirá una transición más ordenada y menos traumática para el pueblo cubano?

Twitter: @Amsalazar

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