Opinión

Fuera políticos

¿Amenaza a los políticos “profesionales” el nombramiento de Salvador Jara como gobernador interino para Michoacán? ¿No será que en un descuido, en los siguientes años los políticos “profesionales” estarán perdiendo espacios y oportunidades ante individuos que se dedican a otras actividades que no están relacionadas con la política?

Veamos al nuevo gobernador de Michoacán, Salvador Jara Guerrero. Para empezar, es un ciudadano que no tiene formación en derecho o política, es un hombre de ciencia. Se recibió como licenciado en Ciencias Físico Matemáticas en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo -donde se desempeñaba como rector-; tiene una especialidad en Física Experimental por la Universidad de California en Berkeley; es también maestro en Tecnología Educativa por el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa y en Filosofía de la Cultura por la misma Universidad Nicolaíta; doctor en Filosofía de la Ciencia por la Universidad Nacional Autónoma de México; además de ser miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel I, su línea de investigación es la historia y filosofía de la ciencia y recientemente ha trabajado problemas de identidad y cultura. ¡Wow!

Ahora el Dr. Jara es gobernador de Michoacán, un estado que en cualquier otra democracia hubieran declarado estado de excepción por el control territorial, violencia que ejercía el crimen organizado y la falta de instituciones capaces de enfrentarlos. Ante esta realidad se hubiera justificado el nombramiento de un político con experiencia y capacidad, para asegurar que no regrese el dominio por parte del crimen organizado y preparar el estado para que pueda llevarse a cabo elecciones en 2015.

Pero fue el rector de la Universidad Nicolaíta y científico, el que se sacó la lotería. ¡Órale!

El nombramiento de Salvador Jara podría justificarse ante la necesidad de nombrar a alguien que se percibiera como un buen intermediario con credibilidad ante los partidos, la sociedad civil, el gobierno federal y el comisionado en Michoacán, Alfredo Castillo.

Aunque se podría argumentar que ser rector de la Universidad Nicolaíta, uno de las universidades más politizadas en el país, aseguraría que Salvador Jara tuviera más experiencia en negociación política que casi cualquier político en el país, además de tener que ejercer liderazgo en situaciones altamente conflictivas, algo que claramente necesita Michoacán.

Pero también la razón de su nombramiento podría ser más sencilla. No encontraron a una persona con perfil partidista que tuviera credibilidad y que inspirara confianza.

Y es que, revisando de nuevo los datos que publicaron la semana pasada el Inegi y el INE, que comentamos en este espacio y se reportó en El Financiero (17 junio 2014), 49 por ciento de los mexicanos no confía en sus autoridades, 52 por ciento de los jóvenes entre 18 a 29 años de edad no se identifica con ningún partido político, 49 por ciento considera que los políticos no se preocupan por las necesidades del ciudadano y 72 por ciento cree que sus opiniones no le interesan a los políticos.

Ante estos datos, no debería sorprendernos que el nuevo gobernador de Michoacán carezca de origen partidista. De hecho si los partidos en verdad quieren asegurar su competitividad para el 2015, deberían de buscar a más hombres y mujeres con perfiles apartidistas y con poco vinculo a los partidos. Y esto es la razón que los “políticos profesionales” les temen a los candidatos independientes que podría tener un perfil más ciudadano y menos sometido a los vaivenes y corruptelas de los partidos políticos.

Hay un desdén de los partidos y de los políticos por los individuos con conocimientos diferentes y poca experiencia política. En el pasado les llamaban tecnócratas y era tal su desdén (y temor) que el PRI impuso candados para candidatos sin experiencia electoral. Tuvo que ser el tribunal quien prohibiera al PRI incluir este tipo de candados en las convocatorias en los procesos electorales.

Pero el desdén de los desprestigiados políticos tiene fundamentos. El hecho de que un aspirante independiente tenga más credibilidad por ser apartidista y ante el electorado, no necesariamente se traduce en que puedan ser buenos gobernantes. De hecho, los expertos políticos aseguran que la falta de experiencia partidista y conocimiento de cómo gobernar, casi asegura que cualquier individuo que busque puestos políticos distanciándose de la “política”, tiene asegurado su fracaso.

No sé qué tan cierto sea esta última afirmación, pero lo que sí sé es que ante la falta de credibilidad que tienen los políticos tradicionales, los partidos tendrán que reclutar candidatos (especialmente mujeres) más competitivos por su conocimientos y personalidad y menos políticos.