Opinión

Fuentes de error

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Encuesta Parametría El Financiero del 16 de febrero de 2015

Ayer le comentaba de los errores de medición que han tenido las encuestas electorales en otras partes del mundo, y lo comparaba con lo ocurrido en México en 2012. También le decía que hay varias posibles fuentes de error, que ahora comparto con usted.

Las encuestas consisten en obtener mediciones de muestras seleccionadas al azar, que según los teoremas básicos de la estadística se distribuyen de forma similar a una normal (que es una distribución muy conocida y que permite muchas operaciones). Lo que se desconoce de la distribución es su variación, que se va estimando al comparar los resultados reales con los predichos. Con el tiempo, la variación general en las decisiones electorales se convirtió en una constante, que se ha seguido usando como si la población no hubiera cambiado.

Pero la transformación que estamos viviendo en el mundo es en verdad profunda. El fin de la economía industrial (iniciado en 1979), se ha convertido (especialmente después de 2009) en el fin de la dicotomía izquierda-derecha, que ya no ofrece nada que los votantes consideren cercano. Aparecen nuevos partidos, se discuten temas totalmente diferentes, y sin embargo, las encuestadoras siguieron suponiendo que la variación en las opiniones seguía siendo la misma. Bueno, ya no lo es.

Una segunda posibilidad es que las muestras que se toman no sean tan al azar como uno quisiera. En los países ricos se encuesta telefónicamente, y eso funcionaba muy bien porque más de 90 por ciento de los hogares tenía teléfono. Ahora ya no, porque muchos prefieren tener sólo celular, y eso puede provocar un sesgo.

Otra fuente de error es que haya un grupo de población que decide no externar su intención de voto. Tradicionalmente se ha supuesto que quienes no dicen por quién piensan votar se parecen mucho a los que sí dicen, de forma que simplemente se extiende la distribución de los que sí dicen hasta cubrir el 100 por ciento, y ya. En 2012, ése parece haber sido el origen de la diferencia entre las encuestas y los resultados en México. El promedio de todas las encuestas realizadas el mes anterior a la elección presidencial daba como resultado cerca de 15 por ciento de encuestados que no decían por quién iban a votar. Y aparentemente la mitad de ellos votó por López Obrador, un tercio por Josefina Vázquez Mota, y un sexto anuló su voto. Sólo unos pocos entre ellos votaron por Peña Nieto, cuya votación real fue muy parecida a la que indicaban las encuestas, pero sin los votantes “indecisos”.

En Reino Unido pudo haber ocurrido algo parecido. De hecho, la mayor parte del sesgo ocurrió en Escocia, en donde la votación por el Nacionalista Escocés fue mucho mayor de lo esperado, y le quitó al Laborista gran parte de su base de apoyo. Si consideramos que en el sistema electoral británico hay sólo mayoría relativa (y muchos partidos), es mucho más probable fallar en las estimaciones.

Es muy posible que este sesgo en el ocultamiento del voto (que apunta a la derecha), coincida con la transformación tecnológica que comentábamos. Personas que piensan que las propuestas de ese segmento son preferibles, pero que imaginan que votar a la derecha sería un estigma. Si esta conjetura es correcta, eso debería observarse más en la población joven.

En unas semanas tendremos más información, y podremos ir ajustando modelos, que es a fin de cuentas lo importante.

Twitter: @macariomx

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