Opinión

Frontera sur, ejemplo para la frontera norte

Con un abrazo solidario a Carlo Pini Riobó.

El Programa Frontera Sur, puesto en marcha por los gobiernos de México y Guatemala, es un ejemplo de voluntad política y vocación humanista frente a la cerrazón en la frontera norte.

Lo que hicieron los presidentes Peña Nieto y Pérez Molina fue ubicar el problema migratorio en un contexto regional y darle salidas regionales, no unilaterales y judiciales como ha sido hasta ahora la reacción del gobierno de Estados Unidos.

A la medida de cartas de empleo temporal para trabajadores guatemaltecos a fin de que puedan contratarse en Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Campeche, se suma el permiso para que los habitantes de Guatemala y Belice puedan cruzar a México sin visa hasta por tres días en cada ingreso al territorio nacional.

Con lo anterior se logra, entre otras cosas, facilitar que las familias de los trabajadores temporales ingresen a México a visitarlos y no se disuelve el núcleo familiar por cuestiones migratorias.

Eso no ocurre en el sur de Estados Unidos. Es todo lo contrario.
La política de endurecimiento fronterizo de la administración Obama, que ya tiene 20 mil elementos en la policía que custodia la frontera con México, y ha hecho inversiones históricas en tecnología para bloquear su franja sur, ha traído como consecuencia que los trabajadores indocumentados no viajen a México a visitar a sus familias.

No lo hacen por las dificultades que tienen para cruzar de nueva cuenta a Estados Unidos y reincorporarse a sus labores.

Ante esa tesitura, son los hijos menores de los migrantes los que viajan, en solitario, a visitar a su madre o a su padre.

¿Cuál es la respuesta del gobierno de Estados Unidos ante esta nueva realidad, provocada por su endurecimiento fronterizo? La respuesta ha sido unilateral, judicial y policiaca.

John Earnest, vocero de la Casa Blanca, estableció el lunes que “la ley será aplicada y lo que eso significa es que la mayoría de los niños que han sido aprehendidos, serán sometidos a proceso en una Corte migratoria”.

Cero visión regional. Nada de humanismo.

Están a un paso de que organismos internacionales pidan el establecimiento de campamentos de niños refugiados en Texas.
Todos sabemos que el punto esencial es la existencia de un país floreciente y próspero al norte, y economías subdesarrolladas al sur del río Bravo.

Por eso es indispensable dar un enfoque regional para atender, de manera realista, el problema.

Los países al sur de Estados Unidos necesitan inversiones, recursos para construir economías capaces de retener a su gente. Esos recursos están al norte.

Así es que en lugar de gastar miles de millones de dólares en sellar la frontera, sería mucho más eficaz que Estados Unidos colabore con sus vecinos del sur como lo hizo en su momento con la Europa de la postguerra y con Japón.

Que voltee a ver su propia historia, para encontrar soluciones a los problemas del presente con la visión política abierta y humanista de acuerdo con su tradición.

Esa visión y ese aliento la están teniendo ahora los gobiernos de México y Guatemala, no el de Estados Unidos.