Opinión

Frente antidemocrático contra México

 
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Anaya

Primero fue berrinche, luego franco enfrentamiento contra el presidente Enrique Peña Nieto y su administración, y ahora con su postura antidemocrática y autoritaria se va quedando sin aliados y, lo que es peor, sin posibilidades de ganar la Presidencia de la República.

Esta es la trayectoria que ha seguido Ricardo Anaya en su ruta hacia una obsesión, en donde no sólo ha combatido a sus adversarios, sino que les ha dado la espalda a sus aliados.

Hasta antes de las elecciones de junio pasado, Anaya mantenía una relación aceptable con el gobierno y existía también la interlocución adecuada con el PRI y sus aliados. Pero con los resultados del Estado de México y de Coahuila, el Joven Maravilla quiso plegar a su voluntad al presidente Peña, al exigirle que le diera, por los menos, la victoria en Coahuila a cambio de destrabar las iniciativas que están en el Congreso, principalmente la Ley de Seguridad Interior. Por fortuna no prosperó el chantaje y se impuso la cordura.

Con el fallo definitivo de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, el priista Miguel Riquelme será gobernador a partir de 1 de diciembre, y con ello termina un largo conflicto postelectoral, alimentado más por las rabietas de Anaya que por supuestos rebases de campaña.

Decimos que el Frente no es democrático debido a que reiteradamente no sólo se ha opuesto a que el proceso de selección del candidato a la Presidencia sea abierto a la ciudadanía, sino que ha expulsado a sus detractores u obligado a renunciar a su militancia, tal como sucedió con Margarita Zavala.

El Partido Nueva Alianza retiró su intención de sumarse al Frente al carecer de una respuesta formal a tres condiciones en el tema de la selección de candidatos: debates públicos entre aspirantes, transmitidos por Internet y a los medios de comunicación; consulta abierta, directa y democrática a la ciudadanía, y garantía de que cada partido podrá inscribir aspirantes que no excluyan, incluso a candidaturas independientes. Nueva Alianza planteó otras condicionantes que de haberse cumplido este partido hubiera sido el cuarto integrante; sin embargo, la palabra democracia asustó a Anaya y a sus esbirros.

De igual manera, las corrientes perredistas Vanguardia Progresista, Alternativa Democrática Nacional, Iniciativa Galileos y Nueva Izquierda cerraron filas en torno a Miguel Ángel Mancera, quien reiteradamente se ha pronunciado por la elección abierta para designar al candidato presidencial.

Ante voces que claman por democracia, el Frente se ha opuesto sistemáticamente. Ante la apertura y la inclusión está la demagogia y la descalificación.

En el seno del PAN, particularmente en el interior del país, cada vez crecen las voces de rebeldía contra la alianza con el PRD y, por supuesto contra la autoimposición de Anaya como candidato, en virtud, dicen, de que existen otros liderazgos, como el propio Rafael Moreno Valle, que bien puede representar la causa de los azules.

Más allá de los factores que apuntan a que el Frente Antidemocrático contra México lo acompañe la estela de la derrota y el fracaso, ahora lo que llama la atención es el discurso populista y antisistema por el que se han inclinado los frentistas al dar a conocer una serie de propuestas que están más radicalizadas y orientadas al control total del Estado, respondiendo más a un proyecto geopolítico continental que a revertir la pobreza y la marginación. Anaya nos quiere vender espejitos como el Ingreso Básico para toda la Población, que para su implementación se requiere aumentar varios puntos del PIB y disminuir peligrosamente el gasto en educación, el salud o en otros programas sociales, entre otros recortes.

Por eso afirmamos que el Frente es contra México, y al rebasar por la izquierda al propio Andrés Manuel López Obrador se coloca como una opción peligrosa para el país.

Faltan pocos días para que se conozca quien será el candidato del Frente, y cuando ocurra ello caerá por su propio peso Ricardo Anaya, por las mentiras y traiciones que dejó a su paso.

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