Opinión

Frente a Trump, pluralidad

   
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TLCAN. (www.emaze.com)

¿Qué equipo negociador es más fuerte frente a Estados Unidos? ¿El equipo de Carlos Salinas que negoció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) al inicio de los años 90, o el equipo de Enrique Peña que renegociará el TLCAN este año?

Más allá de las capacidades técnicas y experiencia de ambos equipos, uno pensaría que el equipo encabezado por Jaime Serra era más fuerte. Era un México sin fragmentaciones y desconocía la pluralidad política que experimentamos hoy. Este año el equipo liderado por Ildefonso Guajardo está sujeto a muchas presiones –el Senado, el llamado 'cuarto del lado' con las cúpulas empresariales, y desde luego la opinión pública. En este último renglón, es evidente que los mexicanos son hoy bastante más intolerantes con el presidente número 45, Trump, que en su momento lo fueron con el presidente número 41, George H. W. Bush.

¿Qué es lo que fortalece a un Estado para negociar acuerdos internacionales? Es una pregunta que reviste un gran atractivo teórico en la literatura de las relaciones internacionales. Un autor de gran influencia, Graham Allison, profesor de la Universidad de Harvard, enfatizó las interrelaciones que hay entre política interna y las posiciones internacionales de los negociadores. Su análisis revela que el equipo negociador tiene que campear con una serie de luchas burocráticas internas, por ejemplo, la posible rivalidad entre los ministerios de Comercio y de Relaciones Exteriores. El primero tiende a privilegiar en la negociación intereses de los productores internos, mientras que el segundo pondrá atención en las distintas facetas de las relaciones internacionales.

Otro autor de gran influencia en el tema es Stephen Krasner, quien apuntó en la dirección correcta: los negociadores internacionales tienen que preocuparse explícitamente por las presiones tanto internas como externas. Sin embargo, su respuesta no avanza mucho pues enfatizó el tema de la cohesión del Estado; es decir, a menor fragmentación, mayor coherencia en la negociación internacional.

El sociólogo de Harvard, Robert Putnam, logró un avance muy importante con su explicación del 'juego a dos niveles'. Este autor también se centra en la interrelación de la política interna y externa y detalla que el equipo negociador de un acuerdo internacional está sometido a dos tipos de presiones: la internacional (nivel 1), es decir, la sagacidad y propuestas de los negociadores extranjeros sentados al otro lado de la mesa, y la nacional (nivel 2), la presión del Congreso, la prensa, la opinión pública y los partidos de oposición.

El argumento de Putnam es que cuando un equipo de negociación internacional está sujeto a más presión interna (nivel 2) será más creíble en sus posiciones y posturas en la mesa de negociación frente a los extranjeros (nivel 1).

En 1993 no había manera de que el Senado mexicano no ratificara el TLCAN. En ese momento, el Senado era una extensión del poder del Ejecutivo o como se dice en inglés, un sello de goma dispuesto a ratificar todo lo que emanara de Los Pinos. Por eso, el equipo negociador de Serra no podía utilizar la presión del Congreso (nivel 2) como arma de negociación frente a los negociadores estadounidenses (nivel 1).

Casi sobra decir que el equipo de Guajardo tiene ahora más presión interna. Es decir, entre más presión interna (nivel 2) tenga el gobierno de Peña sobre las posiciones negociadoras, fortalecerá su credibilidad a la hora de sentarse en la mesa de negociación con el equipo de Trump (nivel 1).

De acuerdo al concepto de 'juego a dos niveles', es estéril la discusión en México sobre la unidad nacional. Más aún, la unidad debilita; la pluralidad fortalece.

Esta semana tenemos un extraordinario ejemplo de cómo una iniciativa del senador independiente (el miércoles pasado renunció al PRD), Armando Ríos Piter, está apuntalando la causa de la negociación mexicana en Washington. Ríos Piter está por presentar una iniciativa de ley para que Canadá, Brasil y Argentina, entre otros países, sustituyan las importaciones de maíz proveniente de los estados del llamado 'Rust Belt' estadounidense. El poderoso senador Chuck Grassley, republicano de Iowa, el estado número uno en maíz, señaló que hablará con Peter Navarro, quien preside el Consejo Nacional de Comercio de la Casa Blanca, “para que se tenga mucho cuidado en que las negociaciones comerciales no provoquen represalias contra la agricultura”.

Bienvenido el disenso y la pluralidad. Frente a Trump requerimos un Congreso independiente y activo en la relación bilateral, un empresariado que cabildee sus causas independientemente del Ejecutivo y una opinión nacional sin tolerancia con el engreído que ocupa la Casa Blanca.

Twitter: @RafaelFdeC

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