Opinión

Freno al crecimiento


 
La mayor preocupación de todos los gobiernos es acelerar el crecimiento económico para enfrentar tasas de desempleo, en muchos casos desorbitadas.
 
La identificación de las causas que frenan el crecimiento se disfraza, con demasiada frecuencia, con velos ideológicos que suelen traducirse en políticas contradictorias. El listado de factores que están frenando el crecimiento económico, lo comparten muchas naciones, por supuesto, México entre ellas.
 
Las diferencias de un país a otro las da el acento que ponga la política económica de cada uno al relacionar causas y efectos y sobre todo, el rumbo que se imprima a las políticas para intentar cambiar esas relaciones conforme a un proyecto de nación, cuando existe.
 
Las situaciones se complican porque la relación entre causas y efectos limitantes del crecimiento es dinámica, o sea que su vigencia es temporal y por lo mismo, las políticas económicas tienen que ser flexibles en su capacidad de cambio.
 
En tercer lugar, y no menos importante, es que el acento de la política económica no sólo responde a consideraciones sobre lo que es razonablemente conveniente, sino que también expresan una versión parcial de los hechos conforme a determinados intereses.
 
Diversas políticas ante la crisis en México, le han atribuido al mercado capacidades de equilibrio virtuoso que no tiene, más por convicción ideológica que racional.
 
La fe en el libre mercado, en la productividad y la competitividad está en el espíritu del Plan Nacional de Desarrollo 2013-2018.
 
Asume, por ejemplo, el argumento neoliberal de que siendo la desigualdad el resultado de la desigual capacidad productiva de los agentes económicos, la manera de equilibrar las capacidades de todos los que producen y venden es dejar que compitan libremente.
Al competir libremente, sigue el argumento, cada agente económico se ve forzado a mejorar su productividad. El bajo nivel de competencia mercantil explicaría el comportamiento de la productividad durante la últimas 3 décadas, de menos 0.7% cada año, “por sí solo, el principal obstáculo para alcanzar nuestro máximo potencial”, según el Presidente Peña Nieto (Reforma 27/05/13).
 
En otras palabras, la aceleración del crecimiento económico en México depende de una mayor competencia mercantil como acicate de la productividad, la cual se convertiría, al 'democratizarse', en la palanca que atenuaría las desigualdades.
 
En una economía tan profundamente heterogénea en capacidades productivas de quienes producen y venden, como es la nuestra, el resultado del experimento neoliberal durante 30 años es que la mayoría de las empresas ha sucumbido en el intento de superarse
 
Sabedor de eso, el gobierno sostiene que se trata de 'democratizar' la productividad; a ese fin estarían orientadas reformas como la educativa “para formar mexicanos más productivos y mejor preparados para competir en un mundo globalizado”, escribió el Presidente.
 
Otras reformas que contribuirían a la difusión de la productividad son la financiera que democratizaría el acceso al crédito y la de competencia y telecomunicaciones que promovería la oferta de insumos de mejor calidad a precios más bajos. 
 
“Estas medidas acercarán a las empresas mexicanas y a sus trabajadores las herramientas para hacer un mejor uso de los recursos disponibles y así ser más productivos” concluye Peña Nieto en su escrito publicado en Reforma.
 
Lo más probable es que al profundizarse el dominio del mercado, en vez de acicate general a la productividad de todos y del crecimiento económico, se profundice la heterogeneidad en capacidades productivas entre empresas.
Cada vez que una empresa menos eficiente 'compite libremente' con las que son más productivas y ganan más, la brecha entre ambas se amplia.
 
En la medida que las empresas de baja productividad tienen ganancias decrecientes en cada operación y aumentan sus limitaciones para innovar, adoptar tecnologías y capacitar a sus trabajadores, se agudizan sus problemas de competitividad, pero también los del conjunto de la economía.
 
Fue lo que sucedió en las últimas tres décadas, en las que se liberalizaron los mercados en ausencia de políticas de fomento sectoriales. Desaparecieron miles de empresas productivas, muchas se convirtieron en simples importadoras de lo que producían y otras se fusionaron con las más grandes. 
 
Igualar el piso de la 'libre' competencia implica crear mecanismos compensatorios de la profunda heterogeneidad en capacidades de las empresas para incorporar mejoras tecnológicas y ejercer poder de negociación en sus mercados. De eso no hay declaración explícita en el Plan Nacional de Desarrollo.
 
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Profesor de la FCPS de la UNAM