Opinión

Fraude por conveniencia

 
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dudas.  En sus declaraciones 3de3, AMLO aseguró no poseer propiedades ni tarjetas de crédito y vivir con un sueldo de 50 mil pesos mensuales.

“Aunque los dados están cargados, tenemos que ir a la elección en el 18 y les vamos a ganar”, dijo Andrés Manuel López Obrador (AMLO) la semana pasada. Cuestionó el nombramiento de los nuevos magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) quienes, según él, son militantes y están al servicio de los partidos, del “PRIAN”.

En un mitin dijo que tenía información de que “Carlos Salinas los está reuniendo en casa de Claudio X. González y ahí asisten: Felipe Calderón, Miguel Ángel Osorio Chong y hablan de apoyar a la esposa de Calderón, Margarita Zavala”. En lugar de carcajadas frente a tal caricaturización, la gente observa con rostro adusto y en total silencio.

Para sostener su dicho simplemente dice “tengo información de buena fuente”.

Que lo haya dicho por más de 15 años no significa que deban tomarse sus dichos a la ligera, como parte del paisaje de la picaresca nacional.

Que desconocer los resultados de una elección adversa sea una práctica recurrente en México desde el siglo XIX no significa que deba tolerarse, como tampoco debe tolerarse que persista el financiamiento ilegal de campañas, el clientelismo electoral o el pago de cobertura informativa.

La semana pasada Donald Trump amenazó con desconocer el resultado electoral de noviembre, salvo que él ganara. Hubo una enorme consternación en los medios y una aguda crítica porque se socavaban los cimientos de la democracia estadounidense. En México los cimientos de la cultura política son los contrarios: el desconocimiento de los resultados adversos. El primer caso de desafío ocurrió en 1828 cuando Vicente Guerrero desconoció el resultado de la segunda elección presidencial del México independiente y obligó al ganador, Manuel Gómez Pedraza, a huir del país.

Tiene razón López Obrador cuando señala el abuso del poder y la corrupción. Pero polariza cuando sólo los atribuye a la “mafia del poder” que lleva dos décadas, según él, bloqueando su arribo a la presidencia de la República.

Aunque la elección de los nuevos magistrados electorales se hizo de forma legal y se trata de personas con experiencia en materia electoral y sin militancia formal en partidos políticos, AMLO ya los descalificó, igual que lo ha hecho con los consejeros del Instituto Nacional Electoral, antes IFE, durante los últimos 15 años.

Exagera Trump cuando dice que la elección de su país está amañada, pero es cierto que el sistema electoral estadounidense tiene muchas deficiencias en su organización: excesivamente descentralizado, con métodos de votación diferentes por condado y sin un registro nacional de electores como el que tiene México. Es cierto que han trascendido historias en el pasado de fraudes orquestados en ciertas regiones como Chicago, pero eso es diferente a sugerir que se puede manipular una elección nacional.

Corolario: igual que Trump, AMLO aceptará los resultados de 2018 si él gana (será a pesar de la “mafia del poder”); de lo contrario, será parte de un complot histórico.

Según el célebre politólogo español Juan Linz, uno de los factores del fracaso de las democracias es la tolerancia, justificación o indiferencia frente a actores semileales que juegan con las reglas pero las desconocen a conveniencia. Es válido y necesario cuestionar las reglas del juego que sesgan la competencia o benefician a unos en contra de otros. Pero es injustificable jugar con las reglas hasta que me son adversas o me dejan de convenir. Ese es el problema de Trump, y también lo es de López Obrador.

Los nuevos magistrados del TEPJF son una pieza central de la certeza y legitimidad de la elección de 2018. Para blindar su independencia, el Congreso podría quitarles algunas tentaciones del camino. La más peligrosa: aspirar a ser ministros de la Suprema Corte desde su posición como jueces electorales. Cuando hay esa tentación, el riesgo es que emitan sentencias o califiquen elecciones con un ojo en la ley y otro en agradar a los partidos que son los que te dan el visto bueno en el Senado para ser ministro.

Reyes Rodríguez, uno de los nuevos magistrados, propuso durante su comparecencia que los integrantes de la Sala Superior del Tribunal Electoral “no puedan ser postulados a ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Este debe ser un cargo terminal en la carrera jurisdiccional. Eso evita que los magistrados electorales tengan incentivos de poner su carrera antes que su imparcialidad e independencia. La Sala Superior es un órgano límite en conflictos electorales”.

Para hacerlo basta con cambiar los requisitos para ser ministro de la Corte. Simple y sencillo. Medidas simples pueden fortalecer la independencia del Tribunal Electoral y protegerlo de actores que por conveniencia los atacarán ahora y después.

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