Opinión

¿Fraude electoral? 

 
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Donald Trump

Richard J. Daley fue un popular y controvertido alcalde de Chicago durante veintiún años. Es recordado porque en 1960 hizo ganar a John F. Kennedy por apenas 8,800 votos en Illinois, arrebatándole así la presidencia a Nixon. Y no le avergonzó la forma en que lo logró, recomendando a sus operadores: “vote early and often” (“voten temprano y muchas veces”).

Como en todas partes, el fraude electoral ha estado presente en Estados Unidos, pero rara vez ha determinado el desenlace. Cuanto más cerrada está una elección, más decisivo es meter votos adulterados, pero mayormente se dificulta hacerlo porque está más vigilada.

En 1970 surgió la Association of Community Organizations for Reform Now (ACORN). Creada originalmente para ayudar a la gente pobre de las ciudades a adquirir casa, se expandió hasta tener medio millón de miembros y filiales en 75 ciudades, incluso en México.

Conforme crecía, diversificaba sus demandas, se volvía poderosa y conseguía más apoyos de los gobiernos municipales, estatales y federal.

Sus afiliados obtenían créditos y seguros para vivienda, descuentos en las tarifas de electricidad, gas y transporte público. En los 80 abrió una estación de radio, se lanzó a sindicalizar a los trabajadores de bajo sueldo de hoteles y restaurantes y organizó marchas para obtener amnistía para los migrantes indocumentados. Iniciaron también las acusaciones de prácticas clientelares y corruptas.

Cercana a los Demócratas, promovió grandes campañas de empadronamiento de votantes que, desde el principio, fueron cuestionadas, porque lo hacía con poco rigor.

Durante toda la década pasada, sus miembros fueron denunciados y encontrados culpables de inscribir a menores, indocumentados, encarcelados y difuntos, de falsificar firmas y hasta de inventar ciudadanos. Los congresos estatales empezaron a exigir pruebas de nacionalidad y domicilio. Las juntas de elecciones les hicieron auditorias y rechazaron miles de registros irregulares (83% en Virginia en 2005).

El final llegó en 2009. Un periodista de investigación les puso una trampa: le dieron apoyo para conseguir los permisos y financiamiento público para montar un prostíbulo, sabiendo que ahí trabajarían menores migrantes. El escándalo fue mayúsculo y los Republicanos lograron que el Congreso prohibiera a los gobiernos seguir financiando a esa Asociación. La administración tributaria (ISR) y el FBI los investigaron y muchos directivos acabaron tras las rejas.

Oficialmente la ACORN se desbandó en 2010, pero muchos miembros continuaron con la práctica de falsear registros y el mismo reportero que los exhibió aquella vez (que es claramente partidario de Trump) difundió hace unas semanas varios videos en los que operadores de la campaña de Hillary le cuentan como llevan a votar a indocumentados y homeless de un Estado a otro, incluso dotándolos de credenciales de empresas inexistentes.

Los Demócratas permanentemente han estado contra las máquinas para votar, porque quienes las fabrican tienen inclinación hacia el otro partido. Y siempre se han opuesto a que se impida sufragar a los convictos (por ser mayoritariamente miembros de las minorías), se exija identificación para votar o haya policías vigilando las casillas (porque se inhibe el voto de los pobres).

En 2000 George W. Bush consiguió la presidencia gracias a su sospechoso triunfo en Florida, Estado gobernado por su hermano Jeb. En el recuento, que duró un mes, se descubrió que votaron 59 mil encarcelados, 17 mil fallecidos y que 27 mil personas lo hicieron más de una vez.

Trump ha creado una paranoia, advirtiendo de un masivo fraude electoral. Incluye en esa categoría cosas como el supuesto favoritismo de la prensa y las encuestas hacia la señora Clinton o que le introduzcan provocadores a sus mítines.

En lo que va de esta semana ha habido querellas por intimidación de votantes en muchas partes y arrestos por intento de amañar el proceso en Des Moines y en Miami.

Lo real es que la forma en que se integran y depuran los padrones deja mucho que desear. Hay Estados como Pennsylvania en donde unos votos de más en Filadelfia o Pittsburgh pueden alterar el resultado.

Después de todo, en 2000 Bush aventajó a Gore en Florida por 537 votos (quedando 48.847% contra 48.838%: una diferencia de 9 milésimas).

Pero también es cierto que hay observadores ciudadanos, recuentos obligatorios y que la mayoría de los Estados clave tienen gobernadores Republicanos, que están muy pendientes de ver quienes están votando.

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