Opinión

Franquicias; el novedoso sistema nórdico

 
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franquicia

Uno de los elementos fundatorios del sistema de franquicias en el mundo, es la suposición de que entre el franquiciante y el franquiciatario se establece una especie de sociedad en la que, en la medida en la que al segundo le va bien, el primero logra igualmente sus objetivos de expansión y consolidación de la marca. Esto es, si el franquiciatario alcanza el éxito en la unidad comercial objeto de la franquicia, parte de ese éxito será trasladado al franquiciante en la forma de pagos de regalías proporcionales a las ventas logradas.

Sin embargo, la experiencia de la operación cotidiana de negocios operados bajo el modelo de franquicia está saturada de casos que cuestionan severamente ese postulado, demostrando que en los fracasos que se presentan de negocios de este tipo, suele el franquiciatario llevar la peor parte. De hecho, la reforma de 2006 en la materia, tuvo como propósito esencial defender los intereses del franquiciatario en una relación que se define por autonomasia como desigual.

Uno de los puntos críticos que propician este desequilibrio es la fórmula tradicionalmente aplicada en los contratos de franquicia, que contemplan el pago de regalías a favor del franquiciante bajo el simple mecanismo de calcular un porcentaje sobre las ventas del franquiciatario. De esa manera, sea una cifra elevada o baja, el franquiciatario sigue recibiendo regalías a pesar del bajo desempeño de la franquicia.

Este escenario, tan común como recurrente, constituye una situación inaceptable para quien ha invertido su patrimonio en la adquisición de una franquicia y empieza a verificar, en la operación diaria, que su rendimiento es pobre, que los metas esperables de ventas son inalcanzables y que muchas veces tales despropósitos obedecen en buena medida a la falta de visión, o de experiencia, o de infraestructura del franquiciante para soportar la operación de la red de franquicias.

En ciertas situaciones, derivado de contratos por demás abusivos, suele gestarse una situación que deviene en un desafío a la sensatez y la prudencia. El franquiciatario pierde mes con mes dinero por el bajo desempeño de la franquicia, pero el contrato prevé penas elevadas si se suspende la operación; de esa manera el contrato se vuelve en una suerte de esclavitud, en la que el franquiciatario debe continuar trabajando sin sueldo, sin utilidades y pagando puntualmente regalías al que considera –y muchas veces es-, el causante del fracaso del proyecto.

El sistema que empieza a llamar la atención en el mundo y que podría convertirse en la norma, es el que parte de la obligación legal de amarrar las regalías del franquiciante, ya no a las ventas del franquiciatario, sino a sus utilidades. De esa manera, sostienen los precursores de esta legislación en Dinamarca y Finlandia, se asegura que el franquiciante comparta con el franquiciatario tanto el éxito como el fracaso, buscando ambos la mejora del negocio para darle rentabilidad. Es este un cambio sutil pero paradigmático en este campo, y que podría modificar el futuro de la forma en que las franquicias han sido concebidas a lo largo de su corta historia.

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