Opinión

Francisco

El Papa Francisco ha publicado una encíclica que, como las anteriores, se identifica por sus dos primeras palabras en latín: Laudato si’, que provienen del tocayo del Papa, Francisco de Asís. La carta ha sido entendida como un respaldo a quienes afirman que el cambio climático es un proceso provocado esencialmente por la humanidad. Algo hay de eso, pero la carta es más, es el eterno retorno de la Iglesia Católica a su enfrentamiento con la modernidad.

Francisco sostiene que “hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de fenómenos meteorológicos extremos” (23). Ese consenso no existe, ni hay crecimiento preocupante del nivel del mar, ni hay relación clara con los fenómenos meteorológicos extremos, que además no aumentan. Si le interesa más detalle, en El Fin de la Confusión, capítulo 10.

Pero discutir del cambio climático es complicado, porque para muchos es un asunto casi religioso. O sin el casi, y tal vez por eso lo usa Francisco como excusa para decir lo que realmente quiere decir: que nos equivocamos con la Ilustración y la Modernidad, y hay que regresar al rebaño del Padre. No tengo espacio para mostrarle con detalle todo, pero hoy le presento una primera selección, que complementaré en dos entregas más: “después de un tiempo de confianza irracional en el progreso y la capacidad humana, una parte de la sociedad está entrando en una etapa de mayor conciencia” (19). “… el crecimiento de los últimos dos siglos no ha significado en todos sus aspectos un verdadero progreso integral y una mejora de la calidad de vida. Algunos de estos signos son al mismo tiempo síntomas de una verdadera degradación social” (46). “En la modernidad hubo una gran desmesura antropocéntrica que, con otro ropaje, hoy sigue dañando toda referencia común y todo intento por fortalecer los lazos sociales” (116).

“El paradigma tecnocrático también tiende a ejercer su dominio sobre la economía y la política. La economía asume todo desarrollo tecnológico en función del rédito, sin prestar atención a eventuales consecuencias negativas para el ser humano.” (109). “El problema fundamental es otro más profundo todavía: el modo como la humanidad de hecho ha asumido la tecnología y su desarrollo junto con un paradigma homogéneo y unidimensional. En él se destaca un concepto del sujeto que progresivamente, en el proceso lógico-racional, abarca y así posee el objeto que se halla fuera” (106).

“Podemos decir entonces que, en el origen de muchas dificultades del mundo actual, está ante todo la tendencia, no siempre consciente, a constituir la metodología y los objetivos de la tecnociencia en un paradigma de comprensión que condiciona la vida de las personas y el funcionamiento de la sociedad. Los efectos de la aplicación de este molde a toda la realidad, humana y social, se constatan en la degradación del ambiente, pero éste es solamente un signo del reduccionismo que afecta la vida humana y a la sociedad en todas sus dimensiones” (107).

O, en breve, el camino de los últimos siglos no ha sido correcto, porque estamos peor. Pero eso es falso, y Francisco no ofrece evidencia alguna para defender su postura. Como si bastara con ser el Papa para que los demás le creyésemos. Hoy tenemos la menor proporción de pobres de toda la historia, y la mayor cantidad de opciones. ¿Cómo es que eso es malo? Pero la carta es todavía peor, como veremos mañana.

Twitter: @macariomx

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