Opinión

Francia, el terror

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Francia

La práctica del terrorismo a nivel nacional o internacional, entendido como el método de ataque indiscriminado a civiles proveniente de grupos radicales, ha probado a lo largo de la historia niveles variados de eficiencia. La bibliografía sobre el tema es amplia, pero en general coincide en señalar que a corto, mediano y largo plazos, los objetivos y blancos de organizaciones terroristas tienden a ser muy efectivos y efectistas de forma inmediata, pero contrariamente útiles a sus causas en el largo plazo.

Parecen más bien demostraciones de fuerza, de furor ideológico y en este caso religioso, de una sensación irrefrenable de presentarse frente a Estados nacionales o incluso organismos internacionales, como entidades con la capacidad táctica y estratégica para infringir daño. El eje es el esparcimiento del terror –de ahí su nombre– del miedo total e irrefrenable ante el riesgo de ser víctima de ataques y atentados.

La tragedia del viernes 13 en Paris –por si faltaran señalamientos cabalísticos– coloca en grave situación política al gobierno francés y al parlamento de Francia, pero sobretodo, a una ciudadanía tolerante, respetuosa, abierta y plural, orgullosa de una arraigada tradición cultural de vanguardia y de apertura. Y lo hace porque estos ataques múltiples al estadio, a la sala de conciertos, al café, no son semejantes al del semanario Charlie Hebdo de febrero. En éste, las víctimas fueron periodistas en ejercicio crítico de su libertad de expresión, en aquéllos, las víctimas fueron todos, la sociedad francesa, la cultura de apertura y de tolerancia. El mejor síntoma de la distancia enorme entre unos y otros, ha sido la reacción taciturna, callada, dolida de una sociedad que no ha salido a expresar solidaridad con los grupos musulmanes, con los practicantes del islam en Francia –la segunda religión practicada después de la católica es la islámica– . Le Monde y la propia televisión francesa (TF2) han documentado desde ayer lunes, casos “aislados” de ciudadanos que confrontan e increpan a musulmanes en actos de luto y duelo nacional. Mensajes donde les insisten en que El Corán llama a la paz y al respeto a la vida.

La primera consecuencia social y cultural en Francia es el distanciamiento y la partición de una sociedad multicultural. Desde el sábado, los musulmanes en suelo francés, ciudadanos o no, son señalados, cuestionados, criticados e incluso marginados.

Este sentimiento inflama el nacionalismo de derecha y de ultraderecha, donde grupos como el de Marie le Pen en el Parlamento, alimentan sus discursos segregacionistas, donde el temor y la sospecha, son la justificación primaria. Hoy todo musulmán es, por lo menos, sospechoso, aunque no tenga nada que ver con los ataques ni con los grupos islamistas radicales. Ya apareció en la sesión de ayer del Parlamento y la obligada reflexión legislativa sobre la restricción de libertades, un llamada de la ultraderecha a encarcelarlos a todos. Así de grave se pondrán las cosas.

El mensaje de mayor crudeza y realismo vino del propio presidente Francois Hollande cuando dijo frente al Parlamento que a pesar de sonar duro y cruel, “….estos fueron franceses matando a franceses”, lo cual –hasta el avance de la investigación en que se encuentran– es absolutamente cierto.

El gobierno enfrenta un “estado de guerra” según el mensaje del mismo Hollande, guerra contra el terrorismo, no contra los musulmanes o contra el islam. Ya reaccionó a escasas 24 horas de los atentados, con ataques aéreos en contra de posiciones del Estado Islámico. Pide poderes especiales, extensión del estado de emergencia, cambios legislativos para retirar la nacionalidad francesa en contra de los terroristas de pasaporte francés, además de expulsión de los sospechosos.

El terror tiene éxito al provocar y obtener estos resultados de confrontación, guerra, odio intercultural, la justificación de cruzada antioccidente, de su yihad eterna contra Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña, Europa, etcétera. El pronóstico de Huntington en “The Clash of Civilizations” cobra realismo al concretarse en tales acciones y estrategias.

Sufren los millones de musulmanes pacíficos del mundo, aquellos que se convierten en más víctimas que las víctimas, porque cargarán con el señalamiento, el hostigamiento, la confrontación derivada del terrorismo islámico.

Otra grave consecuencia es el rechazo automático a los inmigrantes sirios que buscan cobijo en Europa. Todo indica que por lo menos tres de los terroristas del viernes 13 en París, accedieron a Francia vía Grecia entre los miles de sirios que escapan al terror de su país. Las puertas serán cerradas en occidente para esas víctimas de la guerra y el crimen radical islámico.

Francia, Estados Unidos y Rusia pretenderán construir una alianza internacional contra el Estado Islámico. La historia demuestra, sucedió ya con Al Qaeda, que el bombardeo, la supuesta “destrucción” de esta u otra organizaciones, no desactiva el sentimiento anti occidente.

Twitter: @LKourchenko

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