Opinión

Fragmentación del voto
y la hecatombe

 
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Margarita Zavala

La renuncia de Margarita Zavala al PAN altera todo el análisis prospectivo rumbo a 2018, y mete a la elección presidencial en una dinámica de recomposición de las fuerzas políticas, en donde la fragmentación del voto juega un papel fundamental.

Zavala le va a quitar votos al PAN y va a encabezar al bloque de candidatos independientes que, por su cuenta, también están captando un porcentaje de votos que si bien aparentemente no alcanzaría para ganar la elección, sí inclinaría la balanza hacia un lado.

Por supuesto el Frente Ciudadano por México acarrea, en primera instancia, los mayores costos por la dimisión, a la vez que los equilibrios al interior se alteran, y en donde el PAN ya no lleva mano para que, desde sus filas, surja el candidato presidencial. Se diría que el PRD se hizo merecedor de este derecho en la persona de Miguel Ángel Mancera.

El propio Ricardo Anaya puso en riesgo su candidatura al minarle fuerza a su partido en el seno del propio Frente.

Cuando se empezó a esbozar la constitución del Frente, en el primer semestre de este año, el espectro político nacional era claramente favorable al PAN, posteriormente con las derrotas sufridas en el Estado de México y Coahuila, y particularmente la filtración sobre el incremento escandaloso del patrimonio de Anaya y de su familia política, el blanquiazul pasó de ser un socio interesante y altamente productivo, a uno incómodo y devaluado.

Este hecho incrementa la presión en las filas del PRD contra su presidenta Alejandra Barrales, que cada día enfrenta más reclamos de las tribus por dejarlas al margen de las negociaciones con el PAN y, sobre todo, por la sumisión mostrada ante sus aliados albiazules. Y ahora si Barrales no logra que Mancera compita con Anaya por abanderar la causa hacia Los Pinos, sus días están contados como política, ya que ni un escaño en el Senado alcanzaría.

Los costos políticos para el PRD y MC por estar en el mismo barco de Ricardo Anaya –que día con día suma el descrédito y rechazo de la ciudadanía–, son altos y se incrementan con la salida de Margarita Zavala, en virtud de que sus seguidores, ubicados entre los panistas y el voto útil, rechazan claramente al Frente.

Así las cosas, el PRI y Morena además de verse favorecidos por la fractura del PAN, se fortalecen por la cohesión interna que existen en sus filas, y en particular para el tricolor hay un bono extra, ya que en caso de que José Antonio Meade sea su candidato, aquellos panistas que no quieren que gane AMLO y que ven que a la señora Zavala no le alcanzarán los votos para vencerlo, votarían por el titular de la SHCP.

En este reacomodo de fuerzas, los primeros personajes beneficiados son el Peje, Mancera, Meade y la propia Margarita Zavala; en contraparte, Ricardo Anaya, el PAN, el Frente, Alejandra Barrales y Dante Delgado pagarán los platos rotos de una renuncia anunciada desde hace seis meses y que, lejos de evitarla, la incentivaron perversamente para que ocurriera.

El tomar como rehén al PAN para alcanzar la candidatura presidencial es un yerro de proporciones mayúsculas no tanto para el 'joven maravilla', sino para ese partido político que luego de perder la presidencia de la República en 2012, se recompuso rápidamente y en 2016 se colocó en la antesala de la presidencia con su victoria en siete elecciones estatales. Sin embargo, la ambición desmedida, la falta de oficio político y la soberbia de Ricardo Anaya y su equipo han causado la hecatombe del PAN.

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