Opinión

Fracaso del desarme pacífico

Las negociaciones de desarme con las autodefensas inicialmente fracasarán, y dependiendo de los pasos que se tomen en los siguientes meses, podría convertirse en uno de los fracasos más contundentes de esta administración.

No, no tengo una bola de cristal, pero tampoco tengo que ser bruja para hacer este pronóstico tan contundente. Sólo hay que entender los incentivos de los actores y analizar algunas encuestas y es bastante fácil descifrar lo que eventualmente tendrá que suceder: un desarme violento.

Alfredo Castillo, comisionado de Seguridad para Michoacán, declaró esta semana que en una negociación con los líderes José Manuel Mireles y Estanislao Beltrán, se acordó que para el 10 de mayo desaparecerían las autodefensas y que habría desarme “parcial,” registrando y guardando las armas que tienen en su poder, y entregando armas de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas, además de lanzagranadas y otras armas pesadas como M50 y M60. En otras declaraciones de estos líderes, ellos afirman que conservarían rifles como el R-15, AK-47 (Cuernos de Chivo), M-14, además de que se buscará la liberación de 100 de sus compañeros detenidos por el porte ilegal de armas.

Y seguramente continuarán los comentarios, las negociaciones y contradicciones de todos los involucrados, y es que hay que subrayar que hay pocos incentivos para que las autodefensas dejen (o guarden) las armas, y hay pocos mecanismos para el gobierno, excepto haciendo uso de la fuerza, que puede detener el crecimiento de las autodefensas en Michoacán y otros estados.

Veamos la situación y capacidad de negociar de las autodefensas: Las autodefensas están divididas, y aunque se comprometan públicamente al desarme, será obvia la incapacidad de los líderes de cumplir con lo acordado. Seguramente también entienden que el gobierno federal tendrá muchísimas dificultades de abrir aun otro frente en Michoacán, especialmente ahora que los normalistas se están alborotando. ¿Podrá en verdad el gobierno obligar a soldados, marinos y policías federales a enfrentar hordas de autodefensas y sus familias sin correr grandes riesgos de que suceda una tragedia con decenas de muertos en un enfrentamiento? Además queda un gran pendiente en Michoacán: las policías municipales, que en principio debían tener la responsabilidad de la seguridad de los municipios y acabaron siendo un brazo armado del crimen organizado. El argumento de las autodefensas sigue vigente y real: ¿Quién los va a defender cuando se retiren las tropas y la policía federal, que seguramente sucederá relativamente pronto ante la realidad que se vive en el Estado de México, Tamaulipas, Guerrero y otras entidades donde se han presentado brotes de violencia, algunos relacionados con el crimen organizado, otros vinculados a movimientos sociales?

¿Cómo continuar con un proceso en contra de los detenidos si a los demás se les va a permitir “guardar” su arma y muchos podrán tener posesión de armas de uso exclusivo del Ejército? Pero, al soltar a estos individuos, qué mensaje se enviará al resto del país de la seriedad del gobierno de combatir a las personas que portan armas ilegalmente.

El problema fundamental para el licenciado Alfredo Castillo es: ¿Cómo resolver la situación en Michoacán sin crear incentivos para que otras personas decidan armarse y formar sus autodefensas en otros estados? Según una reciente encuesta de Parametría, la presencia y la visibilidad mediática de autodefensas en Michoacán, “han llamado la atención de mexicanos”, de acuerdo con la última encuesta nacional en vivienda de Parametría, “nueve de cada diez (87 por ciento) personas mencionaron saber de los hechos violentos que ocurrieron después de iniciado el operativo de seguridad en Michoacán.” Lo que más preocupa de lo que está pasando en ese estado es que un movimiento como las autodefensas son fenómenos altamente contagiosos, especialmente si se percibe que el gobierno es débil y no ejerce su papel fundamental ante la sociedad, que es protegerla.

El gobierno tiene dos opciones: ignorar el hecho de que no se desarman las autodefensas y cruzar los dedos de que la violencia esté lo suficientemente controlada en el estado para declarar el éxito de la estrategia y continuar recuperando otras regiones del país. La otra opción es lanzarse en contra de las autodefensas como una amenaza a la seguridad pública de Michoacán y a la seguridad nacional por el mensaje que envía al resto del país.