Opinión

Fotos satelitales

 
1
 

 

Cocula.

El argumento esgrimido por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) respecto a la imposibilidad de un incendio en el basurero de Cocula la noche del 27 de septiembre de 2014, parece irrefutable. Es casi como de ciencia ficción, una foto tomada desde el espacio y ampliada –vaya usted a saber cuántas veces– derriba por completo la “verdad histórica” de la PGR de Murillo Karam. Ahí no hubo incendio dijo el GIEI hace unos días, con base en esos documentos que, déjeme decirle, no provienen de los sofisticados equipos de la NASA o la CIA en su afán por vigilar la conducta y las acciones de muchos, sino de nuestro satélite del Servicio Meteorológico Nacional.

Esas imágenes “demuestran” –no las hemos visto, ni podemos confirmar que son de la noche en cuestión– que ahí no hubo un fuego de la dimensión y magnitud para provocar la tragedia “oficial”. Sin embargo afirman los expertos, que sí hubo un incendio en otra locación aún no determinada, o por lo menos, no publicada.

Un día después una diputada del PAN en la Cámara afirma que Murillo Karam desde el frío del exilio político, “ratifica” sus versiones y afirmaciones sobre los hechos y acepta sostener un encuentro con diputados –aunque solicita que no sea en comisiones– en privado para aclarar sus dictámenes y peritajes.

Y usted y yo ¿a quién le creemos? ¿dónde depositamos la confianza?

Luego se quejan los políticos y funcionarios públicos de que la ciudadanía es, en exceso, reticente e incrédula de las “versiones oficiales” –que no sospechosista (sic SCE). ¡Y cómo no!

Murillo Karam hizo “verdad histórica” una serie de conjeturas extraídas de las investigaciones de la PGR bajo su mando, pero también de una serie de decisiones políticas y de concesiones a los padres de las víctimas. En aras de no “criminalizar” a los estudiantes –lo sabemos hoy– el entonces procurador aceptó y concedió no informar sobre el “séptimo autobús” y el probable cargamento de droga que ahí transportaba el grupo criminal Guerreros Unidos. Los jóvenes –presumiblemente inocentes todos– fueron utilizados como escudo o carne de cañón para el transporte de la droga.

Pero el procurador Murillo tomó la decisión política de no transparentar el expediente completo. Apresuró la investigación, probablemente con la intención de resolverle el caso al presidente y retirar o disminuir una creciente presión política que, por el contrario, inflamó.

El enfrentamiento entre cárteles, Los Rojos contra Guerreros Unidos, concluyó en la masacre de los 43, dejando docenas de preguntas sin resolver, pruebas insuficientes, peritajes inconsistentes y dudas en abundancia.

¿Todos los muchachos fueron muertos en el mismo sitio? ¿Tuvo lugar el incendio que el GIEI asegura con base en las fotos del espacio? ¿nadie recuerda, tiene registrado o existe constancia de si esa noche llovió sobre Cocula? ¿Qué contenían los autobuses? ¿Hay rastros de droga, o los hubo en algún momento? ¿Existen evidencias de que alguno de los jóvenes trabajaba para alguno de los cárteles? ¿El célebre cuartel tiene siquiera un horno crematorio?

La línea “militar” de la investigación en que los expertos del GIEI insisten en reentrevistar a los 11 militares que ya prestaron su declaración en más de una ocasión, fortalece la sospecha de que el Ejército sabe más de lo que hasta ahora ha dicho. Es comprensible la impecable respuesta del general secretario al negarse a que sus efectivos sean interrogados por extranjeros.

Ningún ejército del mundo lo permitiría. Pero hoy parece un elemento clave para esclarecer los hechos.

Jesús Murillo Karam fue un funcionario eficiente, preparado, profesional.

Como gobernante o como legislador, demostró pericia, capacidad, conocimiento, seriedad. Es lamentable concluir una carrera como servidor público, envuelto en el descrédito, el señalamiento y las acusaciones. ¿Qué pasó?

¿Fue tal la prisa por servirle a su jefe y “resolver” de forma precipitada un caso gravísimo de derechos humanos, que olvidó procedimientos, análisis, comparación de evidencias, etc.?

El problema es que el nivel de credibilidad es menos cero. No sólo en las autoridades, sino también en los expertos, quienes parecen más interesados en un activismo social, que un estricto apego a la investigación y las evidencias.

Bajo este escenario, parece improbable que algún día podamos conocer con precisión y exactitud lo sucedido la trágica noche de los 43 desaparecidos.

Twitter:@LKourchenko

También te puede interesar:

¿Todavía se puede?

AMLO en acción

Macri y lo que sigue