Opinión

Fotografía y política

 
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John Heartfield. (http://www.johnheartfield.com/John-Heartfield-Exhibition/john-heartfield-art)

A Xavier Olea, in memoriam

Uno. Si el suscrito, en vez de escapar a Londres (casa de los Durán, en Chelsea) en 1971, lo hubiera hecho dos años antes, me hubiera topado con la exposición dedicada al inventor del fotomontaje, el alemán John Heartfield, nacido Helmut Herzfeld. Descubrimiento e impacto semejantes, lo más seguro, a los que me causaría, en la Tate Gallery (entonces la única Tate), una exposición morrocotuda: “Paolozzi: the retrospective”.

Dos. El Fotomontaje originará lo mismo el Foto-periodismo que la Fotonovela que me he permitido clasificar, frente a la Rosa (toda corazón), Roja (tremendista si no es que psicótica). Hasta el fotomontaje podemos rastrear tanto la prensa amarillista que cultivara Casos de Alarma, como la prensa crítica que practica Proceso.

Dos. Don Eduardo Paolozzi, escocés de origen, seguidor original en Inglaterra del Pop, el Assemblag y el Multi-Media Art; y creador, a su vez, no menor original, de lo que él bautizó, lacónico, Bash. Arte de la basura industrial la llamé en mi diario londinense.

Tres. Sigo con el artista alemán. No será sino hasta 1976 que, en uno de mis viajes a España, pesqué, en las formidables ediciones barcelonesas de Gustavo Gili, el libro ilustrado: Heartfield, John, Guerra en la Paz. Fotomontajes sobre el periodo 1930, 1938. Por cierto, a la sazón, Cataluña participaba, entusiasta, en la brillante, promisoria, española solución que sociedad y política dieran al post-franquismo (y que, aquí, mal imitamos con la LOPPE). En vez de callejón sin salida, ancha vía al futuro común (futuro, todo lo acusa sí, que se agotó).

Cuatro. En la alineación de izquierda de Bertolt Brecht, Ernst Bloch, Alfred Döblin y Heinrich Mann, paisanos suyos, Heartfield (de un rojo subido), cede a la política su quehacer plástico. A la invención del fotomontaje, ocurrida a las 5 de la mañana en punto de un día de mayo de 1916, concurre el feroz dibujante George Grosz. En un principio se discute si el nuevo invento debía llamarse “fotomontaje” o “fotocollage”.

Cinco. En su mesa de operaciones, Heartfield destazaba a la burguesía, al militarismo, a los industriales que en la paz fabricaban el armamento de guerra, y por supuesto, caricatura de sí mismo, a Adolf Hitler.

Seis. Acerca del título elegido por él mismo para la selección de sus trabajos, escribió lo siguiente a su hermano Wieland Herzfelde: “Guerra en la Paz caracteriza precisamente ese periodo de tiempo de la posguerra que queda reflejado en mis obras. Mis montajes habían sido concebidos como armas en ese periodo de guerra nuestra en la paz, contra la dominación nazi, y por otra parte eran características de la guerra que los nazis habían desencadenado ya en la llamada paz”.

Siete. Históricamente, el primer trabajo del alemán que consuma la técnica, lleva por título “Al cabo de diez años: Padres e Hijos 1924”.

Expuesto en el escaparate de la librería Malik el 4 de agosto de 1924, conmemora diez años del estallido de la Primera Guerra Mundial.

Suceso europeo, con efectos planetarios, que sepultó las viejas certidumbres de Paz, Orden, Progreso (y, si me apuran, las consignas de Igualdad, Legalidad, Fraternidad).

Siete. En 1933, ascenso del nazismo, Heartfield se exila en Praga. De 1938 a 1940 vive en Inglaterra. Instalado en la República Democrática Alemana, ve su obra expuesta en Amsterdam, Basilea, Berlín del Este, Moscú, Pekín, Weimar, Roma, Berlín Occidental, Frankfurt, Estocolmo.

Ocho. En 1967, viaja a Londres para la preparación en la exposición magna de 1969 que yo, por arribar dos años después al puerto del Támesis, me perderé irremisiblemente. John Heartfel muere, simbólicamente, en el simbólico años de 1968.

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