Opinión

Fortuna e infortunio de nuestra vecindad


 
Ser vecinos de Estados Unidos trae aparejada la fortuna, pero también los infortunios.
 
"Dormir junto al elefante". Desde hace tiempo se describió así nuestra cercanía con la Unión Americana.
 
¡Más nos vale que no se vaya a acomodar y dar la vuelta, porque nos puede dejar hechos tortilla!
 
Pero, por otra parte, aunque el dicho no lo describa, cuando camina y empuja nos podemos colgar del elefante, y no hay quién nos detenga.
 
La crisis de 2008 nos dio una muestra del infortunio de estar tan cerca de la economía más grande del mundo. Fue como estar muy cerca del epicentro de un terremoto y muchos proyectos económicos se nos derrumbaron.
 
El tema de la seguridad es otro de los costos de esta cercanía. El estadounidense es el mercado más grande del mundo... también para el consumo de drogas.
 
Y el trasiego, originalmente, y todo lo que ha generado en la forma de delincuencia organizada en todas sus vertientes, seguramente no sería tan grave en caso de que no estuviéramos tan cerca.
 
Pero, del otro lado, hay que mencionar que algunos periodos de crecimiento económico que hemos tenido en los últimos 25 años no serían posibles sin el impulso de Estados Unidos. El caso más notorio fue el periodo 1996-2000, en el que la economía creció a una tasa anual media de 5.3%, fundamentalmente, por el impulso que le dio el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica y la expansión de la era de Bill Clinton.
 
En la coyuntura de estos meses, nos está resultando desafortunado estar tan cerca de Estados Unidos.
 
Sin embargo, es probable que en el largo plazo, los cambios que han ocurrido en la estructura productiva estadounidense -de los que le hemos hablado en este espacio- van a pesar más que sus desequilibrios fiscales.
 
Pero, ese hecho va a darse al margen de grupos de trabajo o de buenas voluntades de los gobiernos.
 
En realidad, las reuniones de los presidentes, como la que ayer ocurrió, ayudan, pero están lejos de ser determinantes del desempeño de la economía, la cual depende más bien de los sectores productivos de cada país; es decir, de los ciudadanos de a pie.
 
Por ejemplo, poco podrán hacer Barack Obama y Enrique Peña Nieto para frenar la caída de las remesas.
 
Ayer se dio a conocer que en el primer trimestre de este año, los ingresos por este concepto bajaron 10% respecto del mismo periodo de 2012.
 
El número de remesas bajó en 450,000 en el mismo periodo. Esto qué quiere decir, que aproximadamente hubo 150 mil hogares (a razón de una remesa por mes) que se quedaron sin un ingreso, que era en promedio mensual de 294 dólares (3,600 pesos), al que ya estaban acostumbrados.
 
Por cierto, algunas entidades que destacaron por sus caídas fueron:el Estado de México, con 12% de retrocesoJalisco, 11.4%el Distrito Federal, con un desplome de 41%
 
Y el cuadro lo completó ayer la caída de las exportaciones de México a Estados Unidos en marzo, que fue de 7.4%, de acuerdo con cifras del Departamento de Comercio de Estados Unidos, lo que representa la peor baja en tres años y medio.
 
Los anteriores datos confirman, en el corto plazo, que pese a los brindis y las sonrisas, México no va a contar con Estados Unidos para relanzar el crecimiento de su anémica economía; ni modo, será un infortunio.
 
En el largo plazo, la historia será otra, pero por lo pronto más vale que sepamos que hay que rascarnos con nuestras propias uñas y que deberemos crear las condiciones para que los motores económicos se enciendan desde adentro.
 
enrique.quintana@elfinanciero.com.mx