Opinión

Fortaleza

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peso dolar

El precio del dólar trae espantado a medio mundo. O a todo, literalmente. Pero acá en México nos espantamos más con ese indicador, porque durante el último medio siglo ha sido señal de graves problemas económicos. En los años setenta, cuando teníamos tipo de cambio fijo, los movimientos del dólar ocurrieron cuando ya no se podían evitar, de forma que ya estábamos bien metidos en problemas.

Después, el dólar se movía al ritmo de la inflación acelerada de los ochenta. Nuevamente, en los años noventa, el dólar se intentó controlar artificialmente, con una banda de flotación, y cuando se movió es porque ya estábamos otra vez en serias dificultades.

Pero desde 1995 los movimientos del dólar no son señal de problemas económicos en México, sino en el exterior. A fines de esa década, con la crisis de Brasil, Rusia y Oriente; en 2003 con la recesión dot-com; o en 2008-2009, con la Gran Recesión; o ahora, con el dólar desatado. Pero en la memoria pesan más los ejemplos iniciales que estos últimos, de forma que cuesta trabajo aceptar que los movimientos del peso contra el dólar no son señal de problemas nuestros.

En junio y julio, el valor promedio del dólar fue 21 por ciento superior al que tenía en esos mismos meses el año pasado. Movimientos similares han ocurrido, como le decía, en 1996, 1998, 2003, 2008, 2012. En todos esos casos, hay meses con ajustes de 18, 20 o 22 por ciento anual, que luego van reduciéndose, y en ocasiones tenemos ajustes a la inversa, es decir, apreciación del peso, como en 2010, 2011 o 2013, cuando el dólar bajó de precio entre 10 y 15 por ciento, también en comparación anual.

Como ya hemos comentado en otras ocasiones, se trata de un fenómeno global, y no tiene mucho que ver con México. A partir de junio de 2014 el dólar empezó a fortalecerse significativamente contra todo: monedas, petróleo, metales preciosos, materias primas. Hasta noviembre, el peso mexicano era la moneda que menos había sufrido, pero luego se sumó al comportamiento de las demás, y ahora muestra un ajuste similar al del euro, yen o dólar canadiense, comparando con el inicio de 2014. Unas pocas monedas están un poco mejor, como el franco suizo, la corona sueca o la libra esterlina, y otras están peor, como varias latinoamericanas.

En ese mismo lapso el oro ha perdido diez por ciento de su valor (medido en dólares), los combustibles entre 40 y 50 por ciento, el hierro 60 por ciento, el cobre 25 por ciento, el trigo, maíz y arroz cerca de 20 por ciento, y así muchas otras cosas. Lo que no es tan claro es por qué ocurre eso. Es indudable que el dólar es la moneda de referencia del mundo, y que quienes creyeron que el euro o el yuan podían competir ya han perdido la fe en ello.

El euro tiene muchos problemas, como usted sabe, y China parece tener todavía más, aunque son mejores en esconderlos. Por otro lado, la economía estadounidense más o menos ha recuperado su ritmo de crecimiento normal (entre 2.0 y 4.0 por ciento anual, aunque ahora esté más cerca del límite inferior), mientras que Europa a duras penas supera el cero, y los emergentes están en serias dificultades: Rusia se puede contraer 4.0 por ciento este año, Brasil 2.0 por ciento y China está creciendo apenas 4.0 por ciento anual, según estiman firmas británicas como Lombard Street u Oxford Economics.

Pero no estoy convencido de que eso explique por completo lo que ocurre, así que mañana le ofrezco más información al respecto.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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