Opinión

Formar para la incertidumbre

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Graduación de universitarios en EU. (Bloomberg)

El viernes pasado comentábamos aquí la dislocación entre lo que las escuelas enseñan y lo que la economía requiere. Y como esto último no puede modificarse fácilmente, si las escuelas no se adaptan, seguirán produciendo desempleados. Pero el tema de la educación para el siglo XXI no se agota en lo que vimos hace una semana. Hay algo más que creo que vale la pena incluir.

Una gran diferencia entre el mundo de la economía industrial y el actual, centrado en la información, es que la vida de las grandes empresas es mucho más breve y azarosa. Por ejemplo, General Electric sigue existiendo porque ya no es la GE del siglo XX, y lo mismo pasa con IBM. Ambas empresas producían manufacturas especializadas, y ahora se concentran en servicios de alto contenido informático. Por eso se mantienen. Muchas otras no supieron hacer ese tránsito y desaparecieron. Junto con sus decenas de miles de trabajadores, que es lo que nos importa en este momento.

En el siglo XX los jóvenes se preparaban para poder entrar a una empresa en la que podrían trabajar por mucho tiempo, tal vez de por vida. Buena parte del conocimiento requerido lo obtendrían ahí mismo, de forma que bastaba con que la escuela les proveyera de herramientas básicas y algunas habilidades sociales, también rudimentarias. Ahora esas empresas no existen, y por lo mismo, tampoco ese tipo de empleos. Así que ahora los jóvenes requieren habilidades como las que comentamos el viernes pasado, a las que deben sumar las sociales que ahora le propongo.

Primero, la vida en las sociedades modernas, especialmente en las democracias liberales, no es natural, se debe aprender. Las naciones deben su existencia a un discurso mítico que se transmite a los jóvenes en la escuela. La tolerancia, el respeto, no vienen de fábrica. En México se perdió buena parte de este proceso cuando desapareció la materia de civismo, y creo que aún no se ha recuperado adecuadamente.

Segundo, debido al flujo de información, que hoy es exponencialmente superior al de cualquier generación previa, es necesario dotar a los niños y jóvenes de la capacidad de filtrarla, para comprenderla. Pero nuestras escuelas ya no eran capaces de hacer esto hace 30 años. Déjeme insistir en el tema de los lenguajes de la semana pasada: musical, plástico, corporal.

Tercero, por las características del nuevo mercado, los niños y jóvenes deben aprender muy pronto a trabajar en equipo, pero también a cuidarse solos. En épocas anteriores, uno aprendía a formar parte de la manada (disculpe, pero es la mejor forma de explicarlo), y en ella iba ascendiendo. Ahora no es así, pero además no hay pastor que esté cuidando el rebaño. Si en generaciones anteriores el empleo garantizaba servicios de salud, ahorro forzado, jubilación y otras cosas, hoy eso ya no existe. Un joven debe entender cómo asegurarse, cómo ahorrar, cómo construir patrimonio. La educación financiera debería ser parte del currículo normal.

Creo que si se reduce el tiempo que hoy se destina a ciencias sociales, así en general, y se hace un esfuerzo más concreto en estos tres temas, podríamos muy rápidamente tener una juventud mucho mejor preparada para la incertidumbre de este siglo.

Twitter: @macariomx

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