Opinión

Ford, en la arena política 

    
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Enrique Peña Nieto, presidente de la República. (Cuartoscuro)

La cancelación unilateral de la construcción de una planta automotriz en San Luis Potosí no sólo debe acarrear la indemnización correspondiente de Ford a ese gobierno, sino que también la trasnacional deberá sufrir las sanciones correspondientes por parte del gobierno federal.

Aún sin haber tomado posesión como presidente, Donald Trump continúa haciendo realidad sus amenazas contra la instalación de empresas norteamericanas afuera de sus fronteras, por lo que el gobierno de México debe establecer una serie de medidas cautelares contra aquellas compañías que rompan sus acuerdos comerciales con estados de la República, como es el caso de Ford con la entidad potosina.

No basta con declaraciones de funcionarios federales, ni mucho menos con discursos fáciles que intenten paliar la situación, se trata de reacciones enérgicas que defiendan la planta productiva del país, así como la propia defensa de los intereses de México.

En este sentido destaca lo declarado por el gobernador de San Luis Potosí, que ante el director de Ford-México, Gabriel López, exigió la reintegración del pago total de los gastos incurridos por su gobierno, además de exigir un monto extraordinario por el daño causado por tal decisión.

Juan Manuel Carreras López, el gobernador potosino, aclaró que aun sin la inversión de Ford, el estado creció, de acuerdo al INEGI, el 5.4%, porcentaje que lo coloca casi el doble del PÍB promedio nacional, además de que la tasa de desocupación es menor en 2 puntos de la media nacional.

Un tema que debería medirse tan sólo por la competitividad que tiene cada región, ahora se ha trasladado a la arena política y es aquí donde se encienden los focos rojos, ya que no se requiere ser un economista de espolones para dilucidar lo que hay detrás de la decisión que cancela la construcción de la planta, cuando los salarios percibidos por los obreros mexicanos es más barata y la mano de obra más calificada que la de los gringos.

Si esa planta productora de automotores va a producir con costos más altos, la pregunta sería en qué rubro va ajustarse para que sus automóviles estén en un rango de competencia aceptable en un mercado que es dominado por las marcas orientales. Será que Trump prometió compensaciones fiscales que sin duda son prácticas sancionadas por el NAFTA, así como la propia implementación de aranceles a vehículos armados en nuestro país.

Como se aprecia, el tema tiene varias vertientes donde no sólo pasan por el tamiz de la oferta y la demanda, sino que van más allá, al significarse como una parte fundamental de la agenda política del próximo presidente de Estados Unidos.

Vaya inicio de año, por un lado suben los combustibles y por otro la amenaza que representa Trump comienza a tornarse en una escalofriante pesadilla.

Ford decidió, con el anunció de suspensión, no sólo dejar sus dólares en casa, sino que se arriesgó a poner contra el paredón una relación comercial con México de más de 80 años. Ahora también que se atenga a las consecuencias de tal vez un boicot a sus productos, que tanto han buscado los consumidores mexicanos.

Habrá que estar muy pendiente de la secuela que va a traer esta acción de la armadora en otras empresas norteamericanas, por ello, insistimos, debe el gobierno fajarse los pantalones.


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