Opinión

Flores al toro


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Sergio Flores

“Echar flores” es un dicho popular entre los mexicanos, significa decir algo agradable sobre algún tema en particular, adornar con palabras algún sentimiento o situación de nuestras vidas. Los aficionados a los toros somos especialistas en ello, adornamos cualquier detalle, buscamos adjetivos que logren comunicar la emoción que vivimos durante una tarde de toros.

Hoy en día, cuando la información fluye prácticamente en tiempo real, la función del comunicador, en este caso el taurino, se ha modificado de informador a intérprete. Por qué lo pienso:

El corte o no de orejas es el resultado de una faena; el aficionado con los medios electrónicos adecuados se puede enterar prácticamente al instante de los resultados en cualquier plaza de toros del mundo. Más complejo es comunicar la interpretación de la faena realizada como resultado de la lidia de un toro por un hombre cuya esencia es el arte y cuya vocación es el toreo. Dentro de esta compleja interpretación que puede tornarse estética, técnica o emocional, existen un sinnúmero de factores que pueden —como lo escribí— adornarse, disimularse o incluso disfrazarse.

La verdad absoluta en la tauromaquia tiene nombre propio y se llama toro. Este animal majestuoso, al que ganaderos, toreros y aficionados veneramos, sufre la amenaza de la extinción por parte de quienes presumen defenderlo: los antitaurinos.

El toro es el mejor argumento para defender y difundir un espectáculo con más de 500 años de tradición en nuestro país. El toro en el ruedo es la verdad absoluta y esencia del origen de la tauromaquia. La inteligencia sobre el poder brutal del toro, con el arte como hilo conductor de la puesta en escena más real sobre la vida misma: el toreo.

El domingo 14, este animal que tiene en la punta de cada pitón la muerte y que a su vez posee la nobleza y lealtad a su esencia —léase bravura— de pelear de frente, de entregarse formando parte de un binomio con el torero, convirtiéndose en inspiración para poetas y pintores, emoción para el público y razón de ser de los aficionados: el toro, verdad absoluta de la fiesta, le brindó a Sergio Flores, matador de toros tlaxcalteca que desde niño abrazó su vocación de toreo, el poder expresarse y vivir en plenitud su sueño. Miles de horas de sacrificio y entrega a cambio de poder vivir minutos de eternidad ante los pitones de un toro; fundirse en íntima comunicación con el astado, en esta ocasión un precioso toro negro, imponente, del hierro queretano de Barralva, encaste Atanasio Fernández.

Tuvo Sergio la oportunidad de poner en práctica lo que desde el inicio de su formación taurina, apenas siendo un niño, le inculcaron. “Al toro hay que torearlo en los medios, dándole el pecho, de frente, citando de largo y con la muleta adelantada para prenderlo, llevarlo y despedirlo en cada muletazo”, cuenta hoy Sergio con la madurez taurina de un hombre cuajado, joven de edad, pero adulto de mente, con la actitud de quien tiene muy claros sus objetivos y más claros aún los sacrificios y disciplina que conducen al camino del éxito.

Sergio Flores y “Carasucia”, de Barralva, escenificaron una obra llena de verdad, ambos expusieron sus argumentos para dar vida al toreo en su esencia más pura: la lidia a muerte de frente, con el corazón por delante, con la bravura de la estirpe del toro, que hoy pasta tranquilamente en el campo, esperando el momento de cerrar el círculo de su existencia y demostrar en un ruedo esa bravura heredada.

El triunfo de Flores ratifica que en él hay un torero cuajado, cuyos sacrificios y cornadas comienzan a tener dividendos. Aquí otra historia de un mexicano del que debemos estar orgullosos. De niño se trazó seguir un sueño; con sacrificio, disciplina y entrega este sueño comienza a tomar forma. El camino no es fácil, en el toreo es mil veces más complicado que en la vida común y corriente; sin embargo, es la muestra de que a lo largo del trayecto estas virtudes y valores de la vida, que la tauromaquia atesora y expone, son la senda indicada en cualquier disciplina.

Twitter: @rafaelcue

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