Opinión

Fisher, los drones y el mito de la fortaleza inexpugnable


Una de las causas por las que George W. Bush no pudo sacar adelante la reforma migratoria en 2007 fue, junto a las diferencias entre sindicatos y empresarios por los trabajadores temporales, la insistencia de la derecha xenofóbica en garantizar la "seguridad" fronteriza de Estados Unidos.
 
Hoy, esa misma insistencia, elevada a la categoría de dogma por los sectores republicanos más duros, amenaza con abortar nuevamente el cambio y es que, dentro de la "banda de los 8" que negocia en el Senado el proyecto de ley, Marco Rubio y John McCain, dirigentes del "Gran Viejo Partido", quieren condicionar la regularización de 11 millones de indocumentados al visto bueno de los gobernadores y procuradores de las entidades limítrofes con México, de fracasar el plan del Departamento de Seguridad de la Patria (DHS) para sellar la zona y, como se explica en estas páginas, "aprehender" hasta 90% de las personas que busquen ingresar a EU.
 
En un borrador previo, Rubio y McCain iban todavía más lejos, pues proponían que fueran "líderes comunitarios y jefes de policía locales" quienes evaluaran si la frontera al fin está bajo control, para permitir que los migrantes empiecen a formarse en un proceso que demoraría 13 años.
 
Así, ya podemos imaginar qué opinarían ejemplares como Jan Brewer, la mandataria de Arizona que promovió la ley racista SB-1070; como Joe Arpaio, sheriff de Maricopa (Phoenix) que estableció un campamento penal para las víctimas de sus redadas, o como Rick Perry, gobernador de Texas que se sumó por conveniencia electoral a la histeria, exigiendo el despliegue de la Guardia Nacional.
 
Realidad
 
En realidad, la FBI reconoce que algunas de las ciudades más seguras del país, con las menores tasas de delitos, están en la frontera, como San Diego y El Paso. No obstante, refiere The Daily Beast, el Comité de Supervisión y Reforma Gubernamental de la Cámara baja, que encabeza Darrell Issa, el mismo que intentó enjuiciar al secretario de Justicia, Eric Holder, por el caso Rápido y Furioso -también con fines electoreros-, acusó al DHS de difundir "datos falsos y engañosos sobre los cruces fronterizos" para concretar la reforma migratoria.
 
En respuesta, Michel J. Fisher, jefe de la Patrulla Fronteriza, manifestó que cualquier denuncia en ese sentido es "patentemente imprecisa". Lo que ocurre es que Fisher y Janet Napolitano, titular del DHS, son víctimas de su propio éxito: los drones (aviones sin piloto) que sobrevuelan Arizona con sofísticados radares VADER diseñados para la guerra en Afganistán, han detectado en las áreas más aisladas e inhóspitas del desierto flujos marginales de migrantes que no son interceptados.
 
A su vez, la Oficina General de la Contraloría reportó que la Patrulla Fronteriza sólo mantenía "bajo control operativo" 44% del límite con México en 2010. Los pretextos para construir una fortaleza inexpugnable nunca faltarán; tampoco, mientras persistan las diferencias económicas y la pobreza en México y América Latina, los migrantes que la desafiarán.