Opinión

Fisco: esperar a hacer todo es no hacer nada

25 septiembre 2013 5:2

 
Estamos a sólo 25 días de que la fecha límite en la que la Ley de Ingresos, con la reforma fiscal que trae consigo, debe ser aprobada por la Cámara de Diputados, para ser enviada luego al Senado.
 
 
Y, prácticamente no hay grupo que vaya a ser afectado por la reforma fiscal, que no diga que si se aprueba la reforma se va a producir algo así como una tragedia nacional.
 
 
Era lo esperado.
 
 
Me hubiera sorprendido de encontrar una reacción favorable. Y espero que en la Secretaría de Hacienda y entre los legisladores también hayan tenido ese cálculo, pues eso implicará que saben que necesitan resistir presiones para que la reforma camine.
 
 
Le pongo sólo algunos ejemplos de las múltiples objeciones a la reforma, fundadas o no. Y luego le doy mi opinión respecto a ellas.
 
 
La industria refresquera, debido al IEPS adicional que tendrán los refrescos azucarados, dice que son chivos expiatorios de un problema más general, que es el de la obesidad, y que muchos pobres van a dejar de consumir calorías.
 
 
Las escuelas privadas de todos los niveles dicen que poner IVA a las colegiaturas es poco menos que condenarnos al analfabetismo.
 
 
Las empresas del sector de la vivienda califican como tiro de gracia la imposición del IVA a las hipotecas, así como los límites a la deducibilidad en el ISR.
 
 
Hasta la desacreditada dirigencia del futbol mexicano asegura que con el IVA a los boletos del futbol va a incrementar su precio y a afectar el bolsillo de los que acuden cada semana a ver el que califican como el espectáculo más popular del país.
 
 
Los comerciantes de la frontera dicen que el IVA homogéneo con el resto del país va a hundir a la economía de las ciudades fronterizas pues la gente va a ir a comprar a Estados Unidos.
 
 
Las maquiladoras dicen que la eliminación de las ventajas fiscales que tenían va a derrumbar las exportaciones mexicanas.
 
 
El IMEF dice que el paquete fiscal en su conjunto va a acentuar una recesión que a su juicio ya existe.
 
 
La Canacope dice que la eliminación del régimen de Repecos va a propiciar que cierren miles y miles de pequeños comercios.
 
 
Los liderazgos del sector privado señalan que la eliminación de la reforma sólo va a castigar a los empresarios y a la clase media, y puede ahuyentar las inversiones.
 
 
Los analistas financieros dicen que el déficit fiscal propuesto inaugura otra vez la etapa de desorden e inestabilidad de las finanzas públicas.
 
 
¡Uf! Y hay muchas más.
 
 
Vaya, pues si fueran correctos todos estos juicios, más valdría hacer maletas para aterrizar en enero en cualquier otro país antes de que México se nos caiga en pedazos.
 
 
La realidad es que nadie a quien afecte el ajuste fiscal y le haga pagar más va a aplaudir. Ni aquí ni en ningún otro lugar.
 
 
Las objeciones de siempre son que el gobierno gasta mal; que no pagan los informales, que la carga es dispareja. Y hay razón en ellas.
 
 
Pero le puedo asegurar que aunque se gastara mejor, se cobrara a los informales y la carga fuera pareja, con todo y todo, habría casi los mismos reclamos.
 
 
El sistema fiscal lleno de agujeros como el que tenemos ha derivado de que, a lo largo de la historia, las autoridades o los legisladores han aceptado las objeciones de grupos específicos.
 
 
Cierto, hay muchos pendientes como la generalización del IVA también en alimentos y medicinas. También es correcto que el gobierno nos debe una reingeniería para hacerse eficiente.
 
 
Sin embargo, la opción de no hacer nada hasta hacer todo es la peor de todas.
 
 
Ojalá que los funcionarios de Hacienda asuman que tendrán que ser los malos de la película y que los legisladores no empiecen a comportarse por adelantado como Santa Claus y se dediquen en las próximas semanas a repartir beneficios a todos los que les reclaman la injusticia fiscal que la autoridad va a cometer, porque si así fuera, vamos a repetir el error que se ha cometido muchas veces en México.
 
 
Twitter: @E_Q_