Opinión

Financiamiento para la inversión productiva: motor de crecimiento

 
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Industria Aeroespacial en Querétaro

Por Adriana Berrocal.

El desarrollo financiero incrementa la resiliencia de un país e impulsa el crecimiento económico. Moviliza los ahorros, promueve el compartir información, mejora la asignación de recursos y facilita la diversificación y gestión del riesgo. También promueve la estabilidad financiera, pero hay un punto en el que los beneficios del desarrollo financiero empiezan a declinar y los costos incrementan. En México no hemos llegado a ese punto, por el contrario.

Nuestro sector financiero es bajo de créditos para las empresas considerando el tamaño y sofisticación de su economía, lo que disminuye la inversión en la mayoría del sector productivo. La economía mexicana tiene una fuerte presencia de microempresas, las mayores generadoras de empleo, que no reciben financiamiento. En general, el peso del crédito en el PIB de México (33%) es de los más bajos de América Latina (50%) y del promedio de los países que integran la OCDE (145%), aunque su avance ha superado el ritmo de la economía y se espera que llegue al 40% en 2019.

La reforma financiera aprobada en 2013 tuvo como eje central promover la competencia en el sector para ampliar su penetración y cumplir sus dos objetivos fundamentales: que haya más crédito y que sea más barato. Al haber más crédito con mejores condiciones, se pueden materializar inversiones en proyectos productivos que a su vez, generarán más empleos y una mayor acumulación de capital. Sin embargo cabe destacar que la mayor parte del crédito en México está enfocado en la vivienda y en el consumo que, aunque impactan en el crecimiento en el corto plazo, no generan el bienestar de largo plazo que impulsa la inversión productiva.

Según la más reciente encuesta de Evaluación Coyuntural del Mercado Crediticio que realiza el Banco de México:

• 75.9% de las empresas encuestadas utilizó financiamiento de proveedores

• 36.5% usó crédito de la banca comercial (principalmente empresas grandes)

• 18.8% señaló haber usado financiamiento de otras empresas del grupo corporativo y/o la oficina matriz

• 5.3% de la banca domiciliada en el extranjero

• 5.1% de la banca de desarrollo

• 1.3% por emisión de deuda (triplicó su participación respecto a la encuesta anterior)

¿Qué vemos aquí? Un cúmulo de oportunidades tanto para la banca comercial como para la banca de desarrollo para impulsar el crecimiento y la inversión; también para que las empresas comparen y evalúen las opciones que más convienen a su giro, a su etapa de desarrollo y planes de expansión.

Por eso el IMEF, en conjunto con la AMEXCAP (Asociación Mexicana de Capital Privado) y la Bolsa Mexicana de Valores se ha embarcado en la labor de difundir en todo el país las alternativas y beneficios de diversas formas de financiamiento incluyendo el capital privado y capital de riesgo, así como la emisión de acciones y de deuda.

Seamos conscientes de que las oportunidades de crédito para las micro, pequeñas y medianas empresas pueden potenciar el crecimiento de nuestra economía y para ello, antes de contratar algún financiamiento, es importante comprender que cierto nivel de apalancamiento, además de disminuir el costo de capital de la operación de la empresa, no implica riesgos adicionales y si incrementa el valor, haciendo el negocio más rentable para sus accionistas y más atractivo para la inversión.

El incrementar (y aprovechar) las oportunidades de crédito es indispensable para hacer crecer la tan necesaria inversión en el sector productivo. En este sentido, en el IMEF consideramos prioritario dar la vuelta al comportamiento de la inversión productiva que solo aumenta cuando la economía crece. Las etapas de desaceleración, cuando la economía muestra signos de menor crecimiento, son el momento propicio para invertir más. Actuar a la inversa, evita crecer en la coyuntura e hipoteca el crecimiento en el mediano y largo plazo.

La autora es Presidente del Consejo Directivo Nacional IMEF.

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