Opinión

Final de partida

   
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Manlio Fabio Beltrones

Para cerrar esta semana de elecciones, conviene revisar quiénes ganaron y quiénes perdieron en este proceso. Seguramente usted habrá visto ya un buen número de análisis sobre el tema, así que me disculpo de antemano por cualquier repetición u obviedad.

Primero, pierde evidentemente el PRI, y con él Peña Nieto. Nunca habían sufrido una derrota de este tipo, que además complica seriamente el proceso de selección de candidato para 2018, y por eso debe considerarse al presidente como damnificado. Hasta el sábado, podía considerarse que casi cualquier candidato del PRI podría ganar en 2018. Eso ya no es cierto. Ahora, sin un candidato que agregue al voto del partido, tendrán que dejar Los Pinos nuevamente. Y, la verdad, no se ve alguien que sume. Al menos hasta el momento.

Pierde el presidente del PRI, uno de los políticos más talentosos de la época, Manlio Fabio Beltrones. Había ofrecido repetir el éxito de 2010 y ganar nueve gubernaturas. Había logrado sacar las candidaturas sin mayores complicaciones (salvo Quintana Roo), incluso con candidatos que no le parecían adecuados, pero que Peña respaldaba. Tal vez su error fue aceptar un encargo imposible. Sin poder designar los candidatos ideales, ni deslindarse de gobernadores rapaces e incapaces, es difícil ganar. Pero cuando a eso se suman las contras de la sucesión, el asunto es imposible. Tal vez cargue Beltrones con todo el costo de la derrota, y quienes le movieron el tapete parezcan librarse de la misma suerte, pero en los 18 meses que faltan para el inicio de la campaña del dieciocho habrá ajustes de cuentas.

No ganan, y por eso creo que pierden, los partidos de izquierda. El PRD porque sólo obtuvo resultados en donde fue en alianza, y en casi todos los casos con candidato ajeno. Morena, porque no logra aumentar de forma significativa su votación, ni tiene presencia en la mayoría de los estados. A algunos les distrae la votación de Veracruz, Zacatecas y DF, pero eso no es la norma, ni es una sorpresa. Si acaso, el único estado en donde se puede hablar de un avance de Morena es Veracruz, en donde sí creció su votación, pero nada más.

Gana el PAN, y gana su dirigente, Ricardo Anaya. Y ese triunfo les cuesta a Rafael Moreno Valle y a Margarita Zavala. Al primero, porque su triunfo en Puebla pierde importancia frente a los otros seis, en principio más difíciles. A la segunda, porque el enfrentamiento con Anaya es ahora cuesta arriba. Pero el triunfo de Anaya puede desaparecer con facilidad, si éste no mantiene la cordura, que es algo complicado cuando se obtienen triunfos inesperados.

Rumbo al 2018, hay una competencia entre dos partidos nacionales, PRI y PAN, y nada más. Entiendo que mi interpretación difiere de la mayoría de mis colegas, que siguen viendo en López Obrador a un actor principal. No lo era en 2012, hasta que Calderón hundió a su candidata, y lo es ahora menos. Con 13 por ciento del voto, no veo cómo puede competir por la presidencia, y menos cuando afirma, según entiendo, que Morena no hará alianzas en esa elección. Por otro lado, con más de 60 por ciento de los votos en los dos partidos nacionales, y tal vez 25 por ciento en la izquierda, ya no hay espacio para un candidato independiente. Ahí están otros derrotados el domingo.

Claro que todo puede cambiar. Una victoria de Trump, con un 2017 de gran incertidumbre, que podría desajustar las finanzas públicas, implicaría un 2018 fuera de todo pronóstico, y ahí no dudo que AMLO, o un independiente, o lo que sea, pueda ganar la elección.

Sin ese caso excepcional, la suerte está echada.

El autor es profesor de la Escuela de Gobierno, Tec de Monterrey.

Twitter: @macariomx

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