Opinión

Fin de año en Oaxaca

A Rene y Kenji Gavira, los otros hermanos de David Horacio.

2014 fue un año difícil para los mexicano y para el mundo, no logramos salir de la crisis, el salario real cae y terminamos con conflictos sociales, violencia, desigualdad, pobreza, y economía con bajo crecimiento, precio del petróleo a la mitad y tipo de cambio depreciado.

Sin embargo, hoy quiero abusar escribiendo de la vida, de Oaxaca, y de un evento familiar. En lo personal, me ha quedado claro que trabajamos para vivir, no vivimos para trabajar, ecuación que es fácil decirla, pero cuánto nos cuesta aprenderla.

Me considero afortunado en todos los sentidos. Mi familia, con la ausencia de mis padres y de mi hermano Alejandro, pero quedamos Angeles, Rogelio y yo, así como nuestras familias. Mis hijos, David Horacio, Paulina y Bruno son mi orgullo, se quieren, son seres humanos maravillosos, que desde que existen le han dado sentido a mi vida. Lo admito: los admiro. Hoy ya tenemos a Matías, un ejemplo cercano de los pequeños nuevos dictadores, pero que feliz nos hace.

Nicole y David Horacio se acaban de casar en Oaxaca, en una boda maravillosa, pluricultural, llena de amistad, afecto, respeto, comprensión y sobre todo amor. Oaxaca es el mejor marco para ello: la belleza de la ciudad, sus paisajes, su cielo, lo importante de su historia y su cultura, lo increíble de su gente. La boda estuvo llena de amigos de todo el mundo, principalmente de México y Estados Unidos. Se hizo en diciembre con la esperanza de que la ciudad se viera mas bella, sin los plantones sin sentido de los maestros, que sin embargo se han mantenido en el Zócalo, como para que no nos olvidemos que a veces las frustraciones son necesarias para crecer. Pero ni eso le ha podido quitar su encanto y embrujo a esa bellísima ciudad y a ese gran estado, que tan hermoso pondera Lupita Loeza en su libro reciente, Oaxaca de mis amores.

Bellísimas fueron las palabras pronunciadas en el Patio de los Lavaderos del Hotel Quinta Real, cubierto por el cielo de Oaxaca, palabras dicha por grandes amigos del nuevo matrimonio, hombres y mujeres comprometidos con la cultura, la historia, la justicia y la amistad.

Por supuesto las de las mamás, las de Mariane, las de Nicole y Pili, las de David Horacio. Todos dijeron cosas bellísimas, que a nuestra familia y amigos, y por supuesto a Olga mi esposa y a mí, nos emocionaron al extremo. La familia de Nicole vino desde Estados Unidos. Incluso de Luxemburgo hubo invitados. Amigos que vivían en la India y otros países. Pocos del Distrito Federal a los que les pude compartir, porque estaban de vacaciones ya o con la visita de sus hijos. También algunos de nuestros grandes, grandes amigos oaxaqueños. Todos embrujados y emocionados por la magia de Oaxaca y el amor de Nicole y David Horacio.

Una Calenda espectacular, con su banda, sus marmotas y sus danzantes, posterior a la boda y previo a la cena en el Museo de la Filatelia, otra maravilla de Oaxaca, rodeando a los nuevos esposos, mientras sus familiares, amigos y muchísima gente más los seguían y bailaban -los que podían- , brindando con mezcal artesanal, por las calles del bellísimo andador turístico de la capital de Oaxaca. Pasó frente a la Iglesia de Santo Domingo de Guzmán -desde mi punto de vista la más bella de América-, la entrada al Museo de Santo Domingo donde están las riquezas de Monte Albán y con una multitud creciente, festejando a los recién casados.

Los encantos de Oaxaca, su comida y su mezcal; sus fiestas como la Noche de los Rábanos y la Guelaguetza; sus pintores como Toledo, Morales, Tamayo, Andreachi; sus cantantes como Lila Dawns, Susana Harp y Georgina Meneses; sus ruinas como Monte Albán, Mitla y Yagul; el Árbol del Tule, Hierve el Agua, las Chimalapas. En suma, la ciudad, sus pueblos, su gente, sus danzas, su cultura, y su historia, no tienen par.

Lector, disculpa esta regresión personal, pero no puedo ocultar mi gozo, y aprovecho este día después de Navidad para compartirlo con ustedes.

Feliz Navidad y mejor Año Nuevo.