Opinión

Fin al multiculturalismo europeo

Los vestigios del antisemitismo que durante siglos fomentó la Iglesia católica en Europa y que alcanzó su máxima expresión con la Inquisición, flotan en el aire de ese continente al que se agregan los sentimientos antijudíos por la violencia de grupos racistas que exacerban su xenofobia ante la masiva presencia de musulmanes en Europa, 55 millones, y el odio de estos últimos contra las comunidades judías.

En este contexto, resulta injustificado que varios gobiernos europeos constantemente cuestionen la legitimidad del Estado de Israel, lo acusen de instrumentar políticas de apartheid contra los palestinos a los que “viola” sus derechos fundamentales, y condenen a las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) por defenderse de los recurrentes ataques de Hamas y otros grupos terroristas palestinos contra objetivos civiles de Israel. La Operación Margen Protector de las FDI en la Franja de Gaza el verano pasado, fue una respuesta contundente de Israel a los miles de cohetes que Hamas lanzó contra su población, y no un genocidio como fue calificado por la izquierda y diferentes medios de comunicación europeos y por el mundo árabe.

Asimismo, es incoherente que frente al proceso de “islamización” que pretenden imponer los fundamentalistas a los europeos y la negación de la cultura, tradiciones y valores de estos últimos, que está propiciando la desarticulación social de Europa, varios gobiernos de la región estén promoviendo la creación de un Estado Palestino de manera unilateral, sin la negociación con Israel, como está previsto en los Acuerdos de Paz de Oslo de 1993. Los acuerdos fueron firmados por el actual presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, en aquel entonces representante de la Organización de Liberación Palestina (OLP); el ministro de Relaciones Exteriores de Israel, Shimon Perez; la Secretaría de Estado de Estados Unidos, Warren Christopher, y el canciller Andrei Kuzyrev por Rusia. Estuvieron presentes Yasser Arafat, por la OLP; el primer ministro de Israel, Yitzhak Rabin, y el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, en una ceremonia oficial y pública en Washington, DC.

En este ámbito, al inicio de diciembre la Asamblea de Francia aprobó una iniciativa “en la que insta al gobierno a reconocer al Estado palestino”; así, Francia se convirtió en la cuarta nación en hacerlo. En noviembre pasado el Parlamento español aprobó una proposición a favor del reconocimiento de Palestina como Estado independiente. Antes lo habían hecho el Reino Unido, Irlanda y Suecia; sin embargo, se trató de resoluciones no vinculantes, es decir, no obligatorias, sólo peticiones parlamentarias a los respectivos gobiernos para tomar la iniciativa. Esta actitud es incomprensible ante el “acoso” que los europeos experimentan cotidianamente de los musulmanes que viven en esa región; se considera que Europa se encuentra “secuestrada” por el islam; el hartazgo de su ciudadanía de los musulmanes crece día a día.

En este marco de conflictos sociales en Europa, en Holanda -en donde 6.0 por ciento de su población es musulmana, de alrededor de 17 millones de habitantes- el gobierno ha desarrollado desde hace tiempo un modelo multicultural, mismo que ha decidido abandonar “por estar cansado de ser pisoteado por los musulmanes”. El gobierno holandés ha afirmado que el modelo multicultural no ha hecho más que alentar a los inmigrantes musulmanes a crearse una sociedad paralela dañina para el país. De ahí que el ministro del Interior, Piet-Hein Donner, presentara al Parlamento el 16 de junio pasado un proyecto en el que expresa su intención de centrar en adelante las prioridades hacia los valores del pueblo holandés. Donner ha señalado que esta orientación es absolutamente necesaria porque la sociedad holandesa está a punto de disgregarse en términos de identidad y nadie se siente “como en su casa en Holanda”. También ha señalado que la nueva política de integración será mucho más exigente con los inmigrantes quienes deberán obligatoriamente aprender el idioma holandés e igualmente el gobierno impondrá medidas coercitivas a los inmigrantes que ignoren los valores del país y las leyes de Holanda; además, el gobierno dejará de otorgar subsidios específicos a los musulmanes para favorecer su integración, “ya que de todas maneras no lo hacen”.

El proyecto de Donner prevé la creación de una legislación que prohíba los casamientos forzosos y a partir de enero de 2015 se instrumentarán severas medidas para que los inmigrantes musulmanes disminuyan sus oportunidades de trabajo por su vestimenta; entre otras, se prohibirá el uso de vestimentas que cubren todo el rostro como el velo o la burka. Holanda se percató, quizá un poco tarde, que “el liberalismo cultural, vía el multiculturalismo, podría convertir a su país en uno de tribus del desierto, que destruirán la nación de origen y su propia identidad”. El futuro de Australia, Reino Unido, Canadá, Bélgica y Francia pueden incluirse en el texto.

En este marco, América Latina (AL) está en la mira de los musulmanes. El fallecido dictador de Venezuela, Hugo Chávez, les abrió camino al establecer acuerdos militares y comerciales con Irán, al igual que permitir, con fines aviesos, que cientos de miles de aborígenes de Venezuela se convirtieran al islam. Por otra parte, en la Cumbre de Líderes musulmanes de AL que se llevó a cabo en Turquía al final de noviembre pasado con el lema “Construyendo nuestras metas”, en la que participaron 76 líderes de 40 países de la región, incluyendo a México, se vislumbró que AL parecer ser el objetivo del expansionismo islámico en el futuro próximo. Se dijo que la resistencia del islam en AL es menor; incluso el presidente de Turquía ofreció el patrocinio de la construcción de mezquitas en el continente. AL es ajena a la cultura, la religión e idiosincrasia del mundo musulmán, tendremos que estar alertas.