Opinión

Ficciones

1
  

   

ME. ¿Quién cuida a El Chapo?

Desde la fuga del Chapo un halo de duda envuelve al gobierno. Un criminal recluido en el penal de máxima seguridad del país, con videovigilancia constante –desde dos agencias distintas– fue capaz de comprar la voluntad de decenas, tal vez cientos, de servidores públicos.

Los funcionarios que solaparon la fuga sabían que probablemente terminarían en prisión. Sin embargo, pudieron más el dinero o las amenazas del Chapo que el temor a la justicia. Si alguno quiso denunciar los planes, fue silenciado. A la luz de los hechos, se justifica plenamente que nos preguntemos hasta dónde podemos confiar en las instituciones del Estado. Además del sistema federal de readaptación social y la Policía Federal, estas sospechas de corrupción se han hecho extensivas al Cisen, la agencia de inteligencia del gobierno federal, que era responsable de monitorear a Guzmán Loera.

El Cisen, que opera casi por completo al margen de mecanismos de rendición de cuentas, es una institución fecunda para la especulación. Es fácil darle vuelo a la imaginación cuando se piensa en el espionaje que se realiza desde “los rumbos de Contreras”, sobre todo, cuando se ha evidenciado que el centro es vulnerable a intereses ajenos a su misión. Desafortunadamente, la especulación, sumada a la falta de escrúpulos, puede degenerar fácilmente en periodismo de ficción.

La semana pasada, Raymundo Riva Palacio publicó en este diario una serie de dos editoriales en las que lanza aseveraciones muy graves respecto al Cisen. Señala que tuvo acceso a un documento con los números telefónicos intervenidos por dicho centro, entre los que figuran las líneas de distintos funcionarios, figuras públicas y periodistas (incluyéndolo a él mismo y a Carmen Aristegui, entre otros). Parte de la labor del Cisen consiste en intervenir las comunicaciones de todo tipo de personas, dentro y fuera del gobierno. Sin embargo, sólo lo puede hacer en el contexto de una amenaza a la seguridad nacional, y previa autorización judicial.

Por supuesto, yo no descartaría que en el Cisen se realicen intervenciones ilegales de comunicaciones. La tentación de aprovechar la discrecionalidad y los recursos de las agencias de inteligencia con fines políticos o al servicio de intereses particulares es demasiado grande, y en todo el mundo se han registrado casos de espionaje ilegal desde dichas agencias. Si éste fue el caso, Riva Palacio tiene razón para estar molesto.

En contraste, algunas otras de sus aseveraciones resultan inverosímiles. Riva Palacio afirma, por ejemplo, que el Cisen –que tiene atribuciones y recursos propios para intervenir comunicaciones– también se quedó con el “equipo de interceptación de comunicaciones” que en el sexenio pasado operaba la Secretaría de Seguridad Pública; y añade “el cambio fue monumental: las herramientas para la inteligencia criminal y su uso para combatir a los grupos delincuenciales, comenzaron a ser utilizadas con fines políticos.” Sin embargo, el equipo de la Policía Federal dedicado a intervenir teléfonos sigue adscrito a la División de Inteligencia, y trabaja desde el bunker de la Comisión Nacional de Seguridad en Constituyentes. No parece factible que el Cisen, sin que se le hayan transferido formalmente los recursos correspondientes, pueda ejercer autoridad sobre este personal, pasando por encima del Comisionado Nacional de Seguridad y del Comisionado General de la Policía Federal. Que la División de Inteligencia de la Policía Federal realice espionaje con fines políticos es otra cosa. De hecho, se han hecho señalamientos en este sentido desde los tiempos en los que Genaro García Luna encabezaba la Secretaría de Seguridad Pública. En una conversación que fue filtrada durante la campaña presidencial de 2012, se escucha a Josefina Vázquez Mota diciéndole a un colaborador “manda un saludo cariñoso a Genaro García Luna que nos graba, en lugar de grabar al Chapo”.

Finalmente Riva Palacio también asevera que “en mayo del año pasado se desmanteló el área de seguimiento a movimientos armados” y que “a quien más sabía de guerrillas la puso a firmar oficios administrativos”; también afirma que en virtud de lo anterior se ha actuado de forma deficiente frente a la rebelión magisterial y a la crisis de gobernabilidad en Guerrero. Contacté a funcionarios del Cisen para confirmar estos dichos. Los desmienten categóricamente. Me dicen que la persona que más sabe de movimientos armados en el centro fue ascendida, no relegada, y que ha desempeñado un papel clave en varias investigaciones. Por ejemplo, participó en las investigaciones que hicieron posible la aprehensión de los agremiados de la CNTE que este año participaron en acciones violentas.

El Cisen es una institución por la que tengo una estima particular; fue ahí, en la década de los 90, donde trabajé por primera vez en temas de seguridad. Sin lugar a dudas, el centro tiene grandes desafíos, particularmente porque no ha logrado consolidar un servicio profesional de carrera que le permita operar con mayor autonomía respecto a intereses políticos coyunturales o incluso frente a la influencia del crimen organizado. El Cisen también necesita con urgencia desarrollar mecanismos de rendición de cuentas que, sin comprometer la necesaria reserva de sus operaciones cotidianas, le permitan difundir su labor. De no hacerlo, el Cisen nunca dejará de ser una institución sombría ante la opinión pública, de la que tendremos una idea distorsionada, concebida a partir de periodismo de ficción y filtraciones malintencionadas.

Twitter: @laloguerrero

También te puede interesar:
Policía corrupta, cárcel infame
Colima, las hipótesis
¿Una rebelión contra la seguridad?