Opinión

Festejos electorales

   
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. Juan Zepeda, candidato del PRD a la gubernatura del Estado de México, ayer, con dirigentes del PT en Edomex.

En los deportes, cuando se logra una anotación, la forma de festejar es algo muy personal o propio de determinado grupo o equipo. Hay competencias tan duras y con alto nivel competitivo que permiten festejar sin la necesidad de llegar a los tres primeros lugares. Por ejemplo, en los Juegos Olímpicos alcanzar unas de las primeras cinco posiciones es digno de festejarse, no se diga un tercer lugar con medalla. Pero hay veces que la participación en determinada competencia es hasta lastimosa y el lugar que se obtiene humillante, como fue el caso de unos Juegos de Invierno en que un mexicano que se inscribió llegó en último lugar, más de una hora después del penúltimo lugar.

Esto viene a cuento por cómo festejaron los partidos derrotados en las pasadas elecciones. En el PAN, Anaya dijo que era el gran triunfador y anunció que había ganado en tres de cuatro lugares. En el PRD decidieron también hacer declaraciones llenas de felicidad y festejar con bombo y platillo. Imaginemos un poco cómo fueron esos festejos el día de la elección.

Un ciudadano mexiquense pasea por la calle, escucha ruido de fiesta: mariachi, vivas, gritos de felicidad. Son las oficinas del PRD, decide entrar y pregunta:

−¿Qué festejan, eh?

−Que nos chingamos al Peje

−¿Cómo, en dónde, o qué?

−En las elecciones, Delfina no ganó. Se jodió el Peje

−Pero ganó el PRI. ¿No odiaban ustedes al PRI?

−Sí hombre, pero eso no importa.

−Pero ¿en qué lugar quedaron? ¿En tercero, no?

−Claro, pero no ganó el Peje. Lo que importa no es ganar, sino que no gane AMLO. Nos trae hasta la madre.

−Entiendo, pero ustedes no aumentaron su votación desde la pasada elección, su partido es un desastre a nivel nacional, tiene un bajísimo nivel de aceptación, peor que nunca.

−¿Y eso qué? Ahora con seis puntos somos más importantes que cuando teníamos dieciocho, porque ahora o hacen alianza con nosotros o no gana nadie. Nuestra miseria es poderosa.

El ciudadano sigue adelante caminando. Oye jolgorio y se asoma. Son las oficinas del PAN. Decide entrar.

−¿Qué festejan, eh?

−Que ganamos en tres de cuatro elecciones

−Ah, chingá, ¿en dónde?

−Pues en todos lados menos aquí. Eso dijo Ricardo Anaya

−¿Y usted le cree?

−Pues no le creo, pero eso dijo. A mí me vale, me contrataron para el staff de la candidata, pero yo soy del PRI de Sonora.

−Ah, caray. ¿Y qué hacía aquí?

−Ya le dije, apoyando. Me hubiera gustado que ganara doña Jose, ya me había encariñado.

−Pues sí, pero quedó en cuarto lugar.

−Pues sí, pero así le gusta a ella.

−¿Es la que se ve ahí llorando en cuclillas?

−Esa mera.

−Se entiende que esté llorando. Empezó en primer lugar y terminó en cuarto, no es para menos…

−Pero llora porque le chingaron su quinoa

−¿Su qué?

−Su quinoa, es lo que come ella. Qué ojetes, se entiende lo de la derrota, pero chingarle la quinoa no tiene nombre.

−No entiendo nada: dicen que ganaron tres cuando ganaron una, festejan y van en cuarto, no lloran por la derrota sino por el pasto…

−Así es aquí, yo tampoco entiendo muy bien… Son panistas, aquí todo es al revés: cuando tienen que ir a prisa, van lento; cuando tienen que hablar, se callan; cuando pierden, festejan; cuando ganan, se quedan pasmados. Ni hablar, es lo que hay.

Twitter: @JuanIZavala

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