Claroscuros en el horizonte
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Claroscuros en el horizonte

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Claroscuros en el horizonte

31/08/2018

Luces y sombras han sido una característica del panorama económico reciente en México y el mundo. No todo son buenas nuevas y abundan elementos de incertidumbre en la economía local y mundial, lo que complica los pronósticos. No importa cuando lean esto, porque es una situación que parece repetirse y hace más complejos los análisis.

En los últimos días vemos señales adversas, que nublan el horizonte, como el estallamiento de la crisis en Turquía (que fortalece al dólar en detrimento de otras monedas, como el peso), el proteccionismo de la administración Trump, que enfrenta guerra comercial contra China, en un final de pronóstico reservado, mientras Estados Unidos escala los frentes con nuevas tarifas arancelarias a las importaciones del país asiático.

La economía estadounidense ha mostrado indicadores sólidos (producción, mercado laboral) confirmando una acelerada expansión. No obstante, se siguen ampliando los desequilibrios, sobre todo en materia fiscal. Los mercados financieros serán presionados por la necesidad de mayores recursos frescos.

En México, la dinámica actual permite anticipar nuevos ajustes a la política monetaria del Banco de México, que podría incrementar en los próximos meses a fin de anclar la inflación. Esto debido a que la economía perdió impulso en el segundo trimestre del año, según datos del INEGI y el PIB registró una contracción real de 0.1% respecto del primer trimestre. En tanto, la inflación revirtió en junio y julio la tendencia descendente mostrada en el arranque de 2018. El Índice Nacional de Precios al Consumidor aumentó 0.54% para alcanzar una tasa anual de 4.81%, en gran parte por el dinamismo de los precios de los energéticos.

Las buenas noticias que trajeron el resultado del proceso electoral del 1 de julio y la suave transición del gobierno de Enrique Peña Nieto al de Andrés Manuel López Obrador, cuyos equipos están haciendo una labor eficiente, han resultado en un sorprendente incremento en la confianza del consumidor, que tiene altas expectativas de crecimiento, creación de empleos y una menor inflación, si bien paradójicamente a nivel micro las personas ya no son tan optimistas.

Hemos estado atentos a anuncios y señales enviados por el equipo del presidente electo en las últimas semanas. Llama la atención que han puesto la vara muy alta en sus propuestas económicas. Tal es el caso de crecimiento esperado de 4%, inversión sin precedentes y captación de inversión extranjera directa entre otras.

Celebramos las expectativas del nuevo régimen, que goza de una alta tasa de aprobación popular, pero los retos que va a enfrentar son enormes. Habrá que observar cómo aterrizan y ejecutan sus planes y programas, esperando que se haga de una manera ordenada y sensata, con el fin de no causar sobresaltos en la marcha de la economía, sobre todo sin llegar a afectar las tesorerías y bolsillos de empresas y ciudadanos.

Por lo pronto, el reciente acuerdo preliminar de un tratado bilateral de comercio entre nuestro país y Estados Unidos, sin Canadá por ahora, ha contribuido a dar certidumbre y tranquilidad a los mercados.

Así las cosas, y entre claroscuros, los pronósticos del IMEF registraron algunos cambios, entre los que destacan menores tasas de crecimiento del PIB para este año (2.15%) aunado a una expectativa de una mayor inflación: 4.3% para 2018. Es importante mantener nuestra atención sobre el comportamiento de las variables macroeconómicas, ya que son ellas las que nos indicarán cuando nuestra economía muestre signos de debilitación o de vulnerabilidad ante los efectos geopolíticos externos. Por ahora, seguimos avanzando… ¡lentos, pero seguros!

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.