Un mes de buenas intenciones
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Un mes de buenas intenciones

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Un mes de buenas intenciones

06/08/2018

Hace unos días se cumplió el primer mes después de las elecciones. Desde entonces, transcurren los días y el virtual presidente electo ha acaparado la agenda desde la cada vez más famosa escalinata de Chihuahua 216, en la colonia Roma de la Ciudad de México. Por supuesto, hay todo un frenesí mediático alimentado por la novedad, porque quizás para muchos mexicanos sigue pareciendo una fantasía el hecho de que, en unos meses, el eterno candidato ocupe, por fin, el puesto que tanto anheló. A él y a su equipo los buscan los medios de comunicación, quieren la entrevista, quieren el comentario oportuno o chusco, quieren la exclusiva. Para quien pretende legitimarse frente al porcentaje que no votó por él (47% de votantes, y una cifra negra de no votantes), la atención mediática llega como anillo al dedo.

A poco más de 30 días de su triunfo, lo único que podemos palpar son las buenas intenciones. Quizás, entre las descargas informativas cotidianas, por ahora con eso sea suficiente. Está transición que se ha dado de manera tersa y rápida, en muchos sentidos, ha generado expectativas muy altas de quienes apoyaron al tabasqueño y esperan el cambio prometido, así como de quienes no votaron por él o por su partido, que no creen en su proyecto y que están a la espera tanto de resultados como del mínimo error para juzgarlo.

Durante su campaña dijo que necesitaban trabajar horas extras para cambiar al país. La premura con la que se quiere dar esta transición -pese a los tiempos legales- puede ser testimonio de ello, sin embargo, al mismo tiempo exige más del virtual presidente electo y de su gabinete. El problema no es el empeño que estén poniendo en iniciar la mencionada “Cuarta Transformación” lo antes posible, pero sí las altas expectativas que se siembran con cada paso hacia adelante que dan. En nuestro Debate Puntual debemos cuestionarnos: ¿qué pasaría si, con todo el apoyo del aparato del Estado, López Obrador y su equipo demoran en entregar los resultados prometidos? ¿Les bastarán el carisma y las respuestas espontáneas del líder para salir del paso? ¿O apostarán por el famoso olvido mexicano que todo lo puede soslayar?

Al escoger con antelación a quienes conformarán su gabinete, Andrés Manuel puso rostro a los futuros responsables del devenir del país y acalla los rumores -tan comunes después de una elección- sobre los favores políticos que se pagan con los altos puestos de gobierno. En otras palabras, “se curó en salud” antes de las elecciones, realizó cambios mínimos después de ratificarse su triunfo en las urnas, y hoy trabaja a contrarreloj en un proceso de 5 meses que se antojan eternos si se piensan llenos de promesas.

La historia nos enseña que actuar como presidente sin serlo puede ser uno de los primeros tropiezos de cualquier candidato ganador. Hoy por hoy, López Obrador es el hombre de los proyectos, de las designaciones, de las promesas; da sus conferencias matutinas, delinea, esboza, designa, promete una vez más. ¿Puede ser una dinámica que dure 5 meses sin cansar? ¿O en verdad estará levantando el ánimo social para que, el 1º de diciembre, lo reciban con los brazos y el ánimo abiertos para la transformación? ¿Llegarán a la Presidencia con todos sus primeros proyectos de gobierno listos para implementarse o habrá que esperar todavía más?

Por ahora, todo es desenfreno mediático y cifras aparentemente felices. Quizás el equipo de comunicación de AMLO debería considerar la prudencia, para no levantar tanto las expectativas porque para que éstas se conviertan en realidad deben tener alguna clase de respaldo y, de no verse satisfechas, los mexicanos experimentarán una gran decepción. En nuestro Debate Puntual debemos considerar también los retos que se presentarán para la nueva administración, con la seguridad probablemente como primer el primer tema; el TLC y la corrupción siguiendo en la lista. Faltan más de cien días para el comienzo oficial del próximo gobierno. Esperemos que lo que ahora parece luna de miel no se convierta en una relación tormentosa entre el futuro Presidente y los medios de comunicación. Y, sobre todo, esperemos que los resultados prometidos lleguen en tiempo y forma, porque muchos mexicanos tienen sus esperanzas puestas en ello.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.