Un balance necesario
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Un balance necesario

10/09/2018

A poco más de dos meses de que el sexenio concluya, la entrega del Sexto Informe de Gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, más allá de su carácter constitucional, me parece un acto necesario de transparencia para conocer y valorar los logros de la actual administración.

No pretendo que pasen inadvertidos los retos que no encontraron respuesta precisa o total durante este sexenio, ni las decisiones que fueron polémicas, poco populares o, simple y llanamente, provocaron malestar social. Todo eso ha quedado claro tanto en los discursos y entrevistas recientes del presidente, quien ha hecho un balance de estos seis años al frente del país, así como en las declaraciones de miembros de la oposición, de distintos medios y de las redes sociales, que desde el gobierno federal encontraron total respeto a su libertad de expresarse, aún si no eran completamente objetivos o justos en su apreciación de los acontecimientos por los que atravesaba el país.

Enrique Peña Nieto fue el primer mandatario mexicano que estuvo expuesto abiertamente a los comentarios de la sociedad, precisamente a través de las redes sociales, en donde se popularizaron las muestras de rechazo en su contra y se generó una matriz de opinión negativa en torno a su persona y su gobierno, sin contar la enorme cantidad de memes que se hicieron sobre él y que, en muchos casos, sirvieron para desinformar y moldear la opinión ciudadana.

Aunque es cierto que quedaron cosas por hacer, no me queda duda de que esta administración entrega muy buenas cuentas a sus sucesores. Para ello basta hacer un ejercicio de memoria y pensar dónde nos encontrábamos hace seis años y dónde estamos ahora. En toda democracia es tan saludable ser críticos con los gobiernos, como lo es aceptar sus logros y la forma en que nos beneficiaron como sociedad.

En estos seis años, México mantuvo su estabilidad y su crecimiento económico, pese a la volatilidad en los escenarios globales. La tasa promedio anual de inflación de 4 por ciento es la más baja desde hace 50 años. Hoy tenemos 78 por ciento más de contribuyentes que en 2012, y la mayor Inversión Extranjera Directa de cualquier administración, con 192 mil millones de dólares invertidos en México, e inversiones comprometidas por 200 mil millones de dólares sólo en el sector energético, como refrendo a la confianza que genera nuestra economía en el mundo. Esa confianza también se evidenció en el turismo, donde pasamos del decimotercero al sexto país más visitado, con 39 millones de visitantes sólo en 2017.

El sexenio del empleo hoy deja más de cuatro millones de empleos a una tasa de 800 mil generados, en promedio, al año. Siguiendo ese ritmo, 6.2 millones de mexicanos más tuvieron acceso a servicios de salud, 3.4 millones más a la seguridad social, 2.8 millones más a una alimentación sana, variada y suficiente.

México se proyecta como una potencia agroalimentaria. Avanzamos tres lugares, del decimotercero al décimo, en el valor de alimentos exportados al mundo, y somos el mayor exportador de cerveza, aguacate, chile verde, limón y jitomate, y el tercer país en América Latina en producción agropecuaria.

En el tema de infraestructura, tenemos tres mil kilómetros de nuevas autopistas para alcanzar un país mejor interconectado, que permite el tránsito de personas y el transporte de productos y mercancías a más rincones del país. Se duplicó la capacidad de los puertos mexicanos: de 260 millones de toneladas anuales, suficiencia adquirida en 100 años, a 520 millones de toneladas anuales alcanzadas en estos últimos seis años. El número de personas con acceso a internet llegó a 80 millones de usuarios, tres cuartas partes de la población total, y se espera que, en seis años, cubra al 92 por ciento de los mexicanos.

Estos son algunos de los logros más evidentes y al alcance de la ciudadanía, pero la lista incluye muchos más. También es importante resaltar la importancia de un buen manejo macroeconómico y la toma puntual de decisiones, incluso si no fueron populares, que permitieron mantener la estabilidad del país. Hoy mismo, en América Latina, tenemos varios ejemplos de inestabilidad económica y política derivadas de las decisiones de gobiernos populistas, como es el sonado caso de Venezuela, la actual devaluación de Argentina, o la crisis económica de Brasil que apenas comienza a matizarse pero que se ha traducido en una crisis política que llega este año a las urnas.

México no sólo no vivió una crisis económica ni política. Por el contrario, a la estabilidad de su economía se sumó el fortalecimiento de sus instituciones, que en julio nos brindaron unas elecciones históricas, con un triunfo de la oposición que nunca se puso en duda. La misma estabilidad, hoy en día, nos permite ser testigos de una transición presidencial ordenada, respetuosa y pacífica, contrario a los vaticinios de muchas voces de la oposición.

Este, como todos los gobiernos, será sujeto de toda clase de juicios e interpretaciones. Como siempre lo menciono en este espacio, nuestro Debate Puntual debe ser objetivo y libre de prejuicios, para fortalecer nuestra democracia. De esa misma manera, reconozcamos el legado que dejan el presidente Peña Nieto y sus reformas estructurales, que han pavimentado una buena parte del camino para que, desde ahí, pueda seguir construyendo la próxima administración.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.