¿Qué significa Donald Trump en nuestra contienda electoral?
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¿Qué significa Donald Trump en nuestra contienda electoral?

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¿Qué significa Donald Trump en nuestra contienda electoral?

09/04/2018

En la relación bilateral con Estados Unidos, el escenario para los próximos dos años parece complejo: el eventual presidente o presidenta de México deberá enfrentar los embates constantes del mandatario de Estados Unidos, tanto en su retórica como en sus acciones, al tiempo que encara los retos cotidianos que conlleva gobernar nuestro país. En la práctica, eso es mucho más complejo de lo que puede parecer en un discurso de campaña electoral.

El presidente Enrique Peña Nieto, tras utilizar los canales diplomáticos para responder a los ataques y amenazas de Donald Trump, hace unos días envió un mensaje a la Nación para hacer frente a la amenaza del gobierno estadounidense de enviar tropas de la Guardia Nacional a la frontera entre los dos países. Lo hizo de una manera que ha atraído el reconocimiento de propios y extraños, incluidos los cuatro contendientes a la presidencia de México.

A veces, la coyuntura política nos hace olvidar que los problemas de México debemos enfrentarlos entre todos. La democracia permite el consenso y el disenso por igual. Pero no estar de acuerdo con una ideología o un personaje político no nos exime de nuestras responsabilidades ciudadanas, ni de sumarnos a los esfuerzos que intentan hacer de ésta una gran nación.

No sorprende que el video con la postura del presidente haya sido tan bien recibido por un amplio espectro de la población. El material audiovisual resume, de manera muy clara, la postura que ya abrazan muchos mexicanos: enfrentaremos en unidad las adversidades, con el bien del país como bandera; actuando siempre con respeto pero también de manera firme y contundente cuando la situación lo requiera. La mayoría de nosotros entendimos el llamado a la unidad e identificamos las amenazas que vienen desde fuera y que, como los retos internos, requieren del esfuerzo colectivo para hacerles frente.

El reto para quien dirigirá nuestra nación por los siguientes seis años se acrecienta cuando el líder de una de las naciones más poderosas del mundo y, curiosamente, nuestro vecino del norte, no sólo se caracteriza por generar discordia o derrumbar mercados con un tuit; el hombre al frente de Estados Unidos lo mismo se lanza en una guerra comercial contra China, lleva una relación de amor-odio con Rusia que confunde a sus aliados y a sus detractores, o encamina a la humanidad hacia una guerra nuclear con Corea del Norte.

Distintos medios estadounidenses muestran su preocupación por las elecciones en México, porque saben que ciertos perfiles pueden ser contraproducentes para la relación bilateral. Ahora mismo enfrentamos las negociaciones del TLCAN, que requieren de posturas flexibles y de perfiles dispuestos a buscar beneficios para las tres naciones involucradas. Pero esa actitud no puede terminar con la renegociación del Tratado.

El temperamento de la próxima presidenta o del próximo presidente de México debe ser a prueba de provocaciones, equilibrado y preparado para el disenso. Y, aunque entre sus tareas esté defender nuestra soberanía y nuestra dignidad, el método para hacerlo no debe ser la confrontación directa inmediata, menos aún si ésta se basa en nacionalismos caducos. México es un país que negocia, que dialoga, que usa las ideas antes que las piedras. Un presidente que no lo entienda con rigor será un riesgo más para nuestro futuro.

Nuestra tarea como ciudadanos es poner mucha atención al desarrollo de las campañas, donde podremos analizar plenamente a los candidatos, sus propuestas y sus reacciones frente a los comentarios y ataques de sus opositores. Llevemos a un debate puntual la importancia del perfil presidencial de acuerdo con las necesidades de México. Como lo hemos visto semanalmente, nuestro voto decidirá no sólo la elección de un partido o un candidato, sino muchos de los puntos clave para que sigamos creciendo como país.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.