Frente a las encuestas, la mesura
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Frente a las encuestas, la mesura

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Frente a las encuestas, la mesura

07/05/2018

Como lo comentamos la semana pasada, en esta elección más que en ninguna otra, las encuestas se han convertido en una herramienta estratégica con las que los Cuartos de Guerra de los candidatos a la Presidencia luchan por el voto de los mexicanos. No es la primera vez que se hace, sin embargo, quizá sea la ocasión en la que más evidente se vuelve el uso tendencioso de los estudios demoscópicos.

Aunque las empresas encuestadoras no se cansan de repetirlo, parece que los ciudadanos aún no tenemos claro que una encuesta, por sí sola, es incapaz de predecir el resultado de una elección. Al ignorarlo, caemos en el juego de la percepción.

Para aportar a la comprensión de este tema, podemos iniciar respondiendo dos sencillas preguntas: ¿Quiénes realizan las encuestas? Los centros de investigación, las casas encuestadoras y los medios de comunicación. ¿Quiénes patrocinan las encuestas? Los gobiernos, tanto estatales como municipales, los partidos políticos, las empresas y, sí, los candidatos a puestos de elección popular.

Los sondeos realizados por instituciones académicas o de investigación difícilmente llegan al público, no así las que realizan las casa encuestadoras y los periódicos o las televisoras. En cuanto a los estudios de paga, como los que solicitan los candidatos, no necesariamente buscan la precisión estadística, y suelen publicarse de manera discrecional, a conveniencia de la estrategia de cada campaña política. Debemos entender la motivación detrás de la proliferación de sus resultados: los candidatos y sus campañas quieren lanzar con ellas una señal a sus adversarios: “estamos arriba” o “avanzamos”, y las utilizan para posicionarse ante ciertos sectores de la sociedad. También puede tratarse de un refuerzo para sus bases: “vamos a ganar”, “estamos en el camino correcto”.

Mientras que en México existen casas encuestadoras que se han ganado su reputación, en la reciente elección han surgido varias polémicas en torno a los negocios bajo los cuales viven dichas casas y el compromiso de dichas empresas con la verdad. En un mundo ideal, las empresas dedicadas a los sondeos demoscópicos podrían ofrecer servicios realizados bajo la más estricta objetividad, sin tener en cuenta si los resultados afectan o no a quienes los contratan. Sin embargo, hacerse de un cliente frecuente que es vapuleado por la opinión pública se vuelve un reto que no todas las encuestadoras están dispuestas a asumir.

En este sentido, ha llamado la atención el caso de Ricardo Anaya y su cercanía con dos casas encuestadoras: Buendía & Laredo, por un lado, y Massive Caller por el otro. Si bien ninguna se ha atrevido a ponerlo como puntero debido a que dicha decisión rompería claramente con lo que apuntan otras encuestas, sí han sido de los estudios que lo colocan mucho más cerca de López Obrador, alargando la brecha con José Antonio Meade. Ambas empresas han aceptado que fueron contratadas por el PAN desde hace casi 3 años y recientemente por la campaña de Anaya, respectivamente. Aquí es donde los ciudadanos debemos preguntarnos ¿quién es el verdadero público de las encuestadoras? ¿El candidato o los ciudadanos? ¿Acaso no hay un verdadero caso de doble moral o incongruencia ética por parte de ambos personajes?

Por todo lo anterior, es importante ser mesurados frente a las encuestas. No sólo tenemos un escenario en el que se vuelve muy cuestionable el actuar de las casas encuestadoras, también enfrentamos el porcentaje de indecisos que los estudios no han sabido medir, así como los sondeos “específicos”, llámense telefónicos, por dar un ejemplo, que no contemplan a la población que no cuenta con un teléfono fijo para responder a las preguntas.

Haría falta responder un último set de preguntas más: ¿alguno de ustedes ha contestado una encuesta en este periodo electoral? Si la respuesta fue negativa, entonces ¿cuántas personas conocen que hayan sido encuestadas sobre el proceso electoral durante los últimos 4 o 5 meses? ¿Cuántos mexicanos participamos en verdad de estos ejercicios? ¿Hasta donde llega la representatividad de las encuestas?

En estos días, los ciudadanos tenemos acceso a información que no necesariamente es la más certera y, en el contexto político, algunos candidatos juegan con eso para lograr confundirnos y proclamarse ganadores o hacer llamados al voto útil. Por lo anterior, nuestro Debate Puntual debe considerar que, primero, no todos los sondeos son iguales ni deben tratarse de la misma manera y, segundo, que las variables para determinar el posible resultado de una elección son muchísimas y, por lo mismo, se vuelve prácticamente imposible de predecir. No me cabe duda que los resultados seguirán moviéndose conforme se acerca la fecha de la elección, por lo que debemos seguir este proceso atentos y participativos.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.