Una pesadilla de López Obrador
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Una pesadilla de López Obrador

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Una pesadilla de López Obrador

09/04/2018
Actualización 09/04/2018 - 9:35

Andrés Manuel López Obrador, luego de dos años de presidencia, se ve obligado a realizar una consulta en la que se pregunta a la gente si quiere o no que continúe su mandato. Desde que comenzó a gobernar, hasta ahora, se esforzó por convencer a un Congreso, en el que no tiene mayoría, de la bondad de sus políticas populistas, sin mayor éxito. Su intento de crear un Congreso paralelo, con el pretexto de redactar una Constitución 'moral', fue un fracaso. Desanimado, mientras espera el resultado final de la consulta revocatoria, toma un descanso en una apartada sala del Palacio Nacional, dormita un poco y en medio de su sueño tiene una pesadilla que le revela el futuro de su movimiento:

El 'pueblo bueno' resultó no serlo tanto. Se encontró al llegar con una sociedad exigente que no se plegó a sus caprichos. Su intento de cancelar el nuevo aeropuerto se topó con una reacción inesperada: miles de habitantes de Texcoco, que habían pensado que esa zona olvidada se transformaría en un polo económico, tras el anuncio de que se cancelaba el proyecto, tomaron el Zócalo e instalaron un plantón permanente. Él, que había soñado con grandes concentraciones como en los tiempos de Cárdenas, se quedó sin foro. Su idea de utilizar los tiempos oficiales en los medios para transmitir todos los sábados un maratón informativo popular, tuvo que cancelarse a las pocas semanas tras los ínfimos niveles de audiencia: su discurso lento y sus ocurrencias folclóricas habían dejado de serle graciosas a la gente.

La relación con Estados Unidos fue de mal en peor. Al pendenciero Trump no le gustó enterarse de que en su libro (Oye, Trump, Planeta, 2017) López Obrador lo llamara neofascista, canalla y que lo comparara con Hitler. La única entrevista que sostuvieron (en la frontera, ya que AMLO se negó a ir a Washington) fue desastrosa. El populismo nacionalista de uno chocó con el populismo nacionalista del otro. Dos terquedades enfrentadas. A Trump le disgustó el apoyo del mandatario mexicano a los migrantes centroamericanos y que dejara de perseguir a los narcos para ofrecerles una amnistía, ya que los hacía responsables de cientos de miles de muertes por sobredosis de heroína en su país. La reunión en la frontera fue breve y tensa. Trump se levantó de su asiento y dejó a López Obrador hablando solo. Ante el notable aumento de la migración, el Congreso americano terminó por aprobar el muro y se militarizó (ya no sólo con la Guardia Nacional) la frontera. El nulo conocimiento de AMLO de la geopolítica y la globalización lo había llevado a fantasear con un fuerte intercambio comercial con “nuestros hermanos sudamericanos”, que en los hechos nunca pudo despegar.

Para su sorpresa, al día siguiente de su toma de protesta no se acabó la corrupción. Su idea inicial de nombrar a René Bejarano, luego de otorgarle su perdón, como secretario de la Función Pública, fue rechazada. Los miles de burócratas que compensaban con mordidas sus magros sueldos, ante la posibilidad de que fueran suprimidas, se rebelaron. Los funcionarios a los que se les redujo a la mitad su sueldo comenzaron a buscar 'entradas' por otros lados. La proverbial “honestidad valiente” de López Obrador no fue compartida por su entorno cercano (como no lo fue durante su gestión al frente del Distrito Federal), que se sirvió a manos llenas. La transparencia, que al presidente AMLO le parecía una “tomadura de pelo”, se trocó en opacidad extrema. Las exigencias de la sociedad civil, de la que desde su campaña confesó desconfiar, elevaron sus protestas a foros internacionales. Al desdeñar el Sistema Nacional Anticorrupción alegando que “si él no roba, nadie roba”, la corrupción rompió sus marcas, que ya eran altas. Por razones que él no pudo entender, los gobernadores y presidentes municipales siguieron saqueando el erario, ya sin los engorrosos obstáculos que antes suponían las obligaciones de la transparencia y los mecanismos institucionales (no voluntaristas) contra la corrupción.

La cancelación unilateral de los contratos de exploración y explotación petrolera granjearon al país cientos de demandas internacionales. El crédito internacional a México fue suspendido. Los narcos y criminales a los que se les ofreció la amnistía (que implicaba entregar las armas, regresar el dinero mal habido y permanecer un tiempo en la cárcel) no aceptaron la propuesta y optaron por seguir con su muy rentable negocio. Tras haberlos acusado en campaña de masacrar al pueblo, el Ejército y la Marina se cruzaron de brazos. El movimiento que lo condujo a la silla presidencial casi desde el inicio se fragmentó, inconforme con que el primogénito Andy intentara acaparar el poder para él y sus amigos.

Llegado a este punto de su pesadilla, López Obrador despertó. Un asistente se acercaba con los resultados adversos de la consulta revocatoria. El sueño de la República amorosa había terminado.

(Idea original de Bertrand Russell: Pesadillas de personas eminentes)

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.