Un país dividido
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Un país dividido

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Un país dividido

03/12/2018

No convocó a la unidad. Al contrario, en su discurso en el Zócalo, López Obrador se refirió a los “conservadores”, a sus adversarios. Se colocó en un bando (que representa al “pueblo”) y señaló desde los primeros minutos de su gestión a quienes no están con él. Trazó de este modo qué país quiere gobernar: un país dividido.

Repartió recursos como si fuera día de fiesta. Tantos millones para los que estudian, tantos millones para los que no estudian, tantos miles de millones para hacer esto y lo otro. Pero ni una palabra para los que generan toda la riqueza que se repartirá. Ni una palabra para los empresarios (que van desde el que tiene su puesto de tortas en la calle al capitán de una industria), quizá porque ellos, desde la perspectiva de López Obrador, están colocados en el bando opuesto, en el de los “conservadores” que toleraron “la inmunda corrupción” en el mejor de los casos, y en el peor, la fomentaron. De un lado: nosotros que representamos a la mayoría (el pueblo), y del otro ustedes, hipócritas y corruptos.

No tendió puentes. No dijo “gobernaré para todos”. Desde el 53 por ciento que votó por él le dijo al 47 que no lo hizo: no me interesas. Nunca dijo que iba a ayudar a unos con los recursos de los otros. No habló de solidaridad. No abrió los brazos a los diferentes.

El primer gobierno plenamente populista. No es necesario esperar sus primeras acciones para conocer su rumbo. Ya se mostraron corruptos (con el fideicomiso de las víctimas de los sismos) y peor aún: bien dispuestos a presionar para doblegar el fallo de los ministros del Tribunal Electoral. Engañan y legalizan el engaño. También los vimos en las consultas. Parciales, mentirosas, fraudulentas. Las usaron para justificar medidas ya tomadas. Con hipocresía, utilizaron el formato popular (consultar al pueblo) para justificar un acto autoritario. No son menos corruptos e hipócritas que los que desplazaron. Con una diferencia: se piensan justos.

Llegaron a la Presidencia de la mano del PRI. Por eso el discurso de transmisión de poder abrió con un reconocimiento generoso de López Obrador a Peña Nieto por no meterse en la elección. ¿Qué dijo? ¿Que no se metió en la elección? Todos vimos durante meses cómo el gobierno federal y el PRI usaban facciosamente los instrumentos de procuración de justicia en contra de uno de los candidatos. López Obrador debió decir, para ser honesto: agradezco a Peña Nieto no meterse en la elección en contra mía sino de mi rival, gracias a lo cual conquisté la Presidencia y desde ella digo que no te perseguiré, que estás absuelto. Más que una transmisión de poderes vimos en directo el pago de un favor electoral. (¿Alguien sabe por cierto qué pasó con Barreiro, el supuesto socio de Anaya? Les informo: recientemente la PGR lo absolvió de todos los cargos...).

Va a tratar de contar su cuento de la cuarta transformación, de imponer su narrativa. Todos los gobiernos lo hacen en mayor o menor medida. Se trata del primer acto histórico que se presenta como triunfador antes de haber comenzado. Antes de arrancar ya es como Hidalgo, Juárez y Madero.

Al momento de escribir este artículo ya se cuentan por decenas “los muertos de López Obrador”, consecuencia del anuncio de la militarización de la policía, una nueva estrategia de la guerra contra las drogas, aunque se vende como una policía de paz (no van a responder con abrazos a los balazos).

En las próximas semanas conoceremos los pormenores del Presupuesto: la transformación del dinero que se ahorrará de la corrupción convertido en millones de becas y apoyos (no fue una buena señal que corrieran al encargado de elaborar el Presupuesto faltando unos días para presentarlo). La otra arena donde actuará el gobierno (más barata, más fácil de transmitir, genera más emociones) será en la de los símbolos. Los que se escandalizaron con Fox y su uso abusivo de las imágenes católicas el día de su toma de poder en 2000, ahora se mostraron extasiados por ver cómo operaba la magia “tradicional” en López Obrador. A mi ambas manifestaciones me parecieron fuera de lugar y ridículas, totalmente inapropiadas en un Estado laico.

Quijotesco, tirando lanzadas retóricas contra los nebulosos molinos de viento del neoliberalismo (luego de haber contribuido a la firma del nuevo tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, instrumento clave del neoliberalismo), al líder populista no le interesa convocar la unidad. Su propósito es el opuesto: mantener la nación dividida, una en pugna con la otra, en la lógica del amigo y enemigo. Por eso mismo, Paco Ignacio Taibo II será ratificado como director del Fondo de Cultura Económica. “Andrés Manuel aceptó que yo era su loquito del ala izquierda. Pues, órale” (El País, 2.Dic.18).

Divide y vencerás es la divisa. Confronta. Rompe algo y luego proponte como reparador mientras acusas a tus enemigos de haberlo roto. La confrontación es el combustible del gobierno populista, de los neoestatistas disfrazados de la patria. Bienvenidos a la pesadilla.

Las expresiones aquí vertidas son responsabilidad de quien firma esta columna de opinión y no necesariamente reflejan la postura editorial de El Financiero.